oraciones rogativas a san antonio de padua en Internet:

entre la oralidad y la escritura

 

Susana Gala

Universidad de Alcalá

 

Este artículo parte del análisis de las devociones populares a san Antonio de Padua en el ámbito de la Europa católica occidental, y propone su seguimiento hasta hoy y hasta el ciberespacio actual.

San Antonio de Padua (Lisboa, hacia 1195 - Padua 1231), santo portugués, aunque muchos lo desconozcan, es, ya desde la Edad Media, uno de los santos católicos que goza de mayor popularidad en el occidente cristiano. La amplísima difusión de la fama de su carisma justifica la fuerte presencia de su culto en la actualidad, a la vez que contribuye a explicar la supervivencia de ritos populares que encuentran su origen en época medieval.

El santo taumaturgo forma parte del imaginario cultural de buena parte de Europa y de América, y su presencia en la vida cotidiana de estas regiones es considerable. Su aparición en la literatura tiene comienzo tan sólo un año después de su muerte, con motivo de su pronta canonización. Se escribe en aquel momento la primera hagiografía y, desde entonces, ha protagonizado ininterrumpidamente biografías y colecciones de milagros producidos en diferentes países.[1] El interés religioso por el franciscano encuentra un paralelo en la producción literaria laica y no sorprende, por ello, su insistente presencia en relatos de todos los géneros, incluyendo algunos de transmisión típicamente oral, como las canciones, los romances y los cuentos fantásticos, pasando por las leyendas urbanas, y hasta los chistes.

 

Devoción a distancia

Hoy en día, superada su aparición en toda clase de medios, el culto a los santos ha sabido adaptarse a las nuevas tecnologías. Frente a los canales de transmisión tradicionales, orales o escritos, la implantación del Internet ha proporcionado un nuevo espacio para la devoción. Ninguna circunstancia histórica ha podido terminar con la creencia en los intermediarios taumaturgos: la irrupción de los racionalismos hizo disminuir su intensidad, y cambiaron en parte sus características, llegando incluso a desaparecer algunas de ellas. Después, el desarrollo de las nuevas tecnologías ha propulsado la implantación de nuevos estilos de vida, y ha obligado a la reelaboración del ideario popular, pero nunca con suficiente fuerza como para desestructurar las bases en las que se sustenta. La enorme capacidad de adaptación de la santidad queda demostrada, una vez más, en pleno siglo xxi, y san Antonio de Padua constituye un testimonio de excepción para constatarla.

Son pocos los filólogos y antropólogos que se han interesado hasta ahora por las manifestaciones de la religiosidad popular dentro del espacio virtual. Conviene, por ello, dedicar una atención mayor a la nueva tipología textual derivada de esta circunstancia, ya que aporta informaciones novedosas sobre las creencias y prácticas rituales y discursivas en torno al santo.

Para abordar el tema se recurrirá al planteamiento comparatista, mediante el estudio de una serie de textos producidos en el contexto cibernético que serán contrastados con sus equivalentes tradicionales.

Este planteamiento permitirá observar cómo los nuevos testimonios se hallan ubicados a medio camino entre la enunciación oral y el discurso escrito: Internet favorece la aparición de un modelo de escritura con características diferentes a las de los soportes tradicionales, determinado, fundamentalmente, por la celeridad a él inherente.

A pesar de su conservadurismo característico, la Iglesia ha sabido adaptar, al menos parcialmente, las creencias a los medios más modernos. Para ello ha confeccionado multitud de páginas web con las que satisfacer la demanda de los fieles. Prácticamente todos los ritos asociados a los santos encuentran su equivalente cibernético, incluyendo, por ejemplo, la posibilidad de encender una vela en honor a san Antonio en la iglesia a él dedicada en Padua.

Veamos a continuación algunos sectores virtuales donde la presencia de san Antonio de Padua es más relevante.

 

Estampas y material gráfico

Las estampas que representan al santo han encontrado en este medio un lugar idóneo para su reproducción. El incremento de la producción de imágenes en papel impreso no puede competir en número con su impresionante difusión en Internet.

También las obras de arte de primer orden, antes difícilmente accesibles para el gran público, están ahora al alcance de la mano de cualquiera. Con sólo teclear unas cuantas palabras, los buscadores de imágenes permiten contemplar, por ejemplo, los detalles de los frescos que Goya le dedicó en la ermita San Antonio de la Florida, en Madrid.

Y no menos importante es el caso de la publicidad en la red, que presenta situaciones tan sorprendentes como la que sigue:

El pan de los pobres, una de las revistas dedicadas a difundir la obra de san Antonio, ha lanzado una publicidad con su imagen con la finalidad de incrementar el número de suscripciones.[2] Hasta aquí la cuestión no debe llamar excesivamente la atención: ya otras instituciones, empresas, y marcas comerciales varias, han aprovechado la fuerza de captación de su representación como reclamo publicitario. El interés, en este caso, reside en el texto que acompaña a la imagen. Los publicistas ponen a hablar al santo portugués como si de un comercial se tratara. Toma la palabra san Antonio para presentarse al público y reclamar su participación en la compra. Jamás se imaginaría el santo que iba a dirigirse a los cibernautas del siglo xxi.

El eslogan reza: Soy San Antonio, el santo…de los milagros: quiero que recibas mi revista en tu casa.

Imagen publicitaria de la revista El pan de los pobres

Canciones

Muchas de las sociedades modernas tienden hoy a perder parte de su cultura oral. Las canciones populares se encuentran, quizás, entre las parcelas más afectadas. Se han llegado a convertir en patrimonio de los mayores o, en el mejor de los casos, de los sectores más rurales de la sociedad.

En los últimos años, sin embargo, estamos experimentando una tendencia a recuperar algunos de estos testimonios. Parte de esta revalorización se debe sin duda a Internet, que ofrece la posibilidad de escuchar grabaciones de toda clase de canciones tradicionales. Se trata, en la gran mayoría de los casos, de vídeos caseros, hechos sin recursos económicos, o con recursos evidentemente precarios, que proporcionan, con todo, el acceso directo a testimonios antes prácticamente inaccesibles.

Valga como ejemplo la canción de San Antonio y los pajaritos, muy difundida en España hace algunas décadas, pero desconocida casi por completo entre las generaciones más jóvenes.

Y al revés, textos de canciones y romancillos que a duras penas pueden ser hallados en publicaciones marginales, aparecen dispersos por las páginas web. De ellos pueden localizarse incluso versiones tradicionales, transcripciones de versos que se ha escuchado cantar a algún pariente, por ejemplo, u otras versiones reelaboradas, de menor interés etnográfico.

 

 

 

San Antonio en el mercado on-line

Ni que decir tiene que Internet es también el espacio ideal para la venta de toda clase de objetos. No queda fuera de este nuevo mercado el culto a los santos. Miles de objetos relacionados con san Antonio, desde esculturas a medallas, velas, imágenes, obras literarias de enorme valor y cualquier otro objeto material susceptible de relacionarse con él, puede ser adquirido en la red.

 

Conjuros e invocaciones mágicas: de la religión a la magia

Buena parte de las oraciones a san Antonio contenidas en el mundo virtual responden al modelo de plegaria ortodoxa, lejana al universo del folclore, que es el que interesará en esta nueva aproximación al santo. Dejaremos de lado, por ello, esta tipología textual, menos influida por la oralidad.

La red está plagada de las más disparatadas oraciones a san Antonio de Padua en el interior de conjuros que, dada su proliferación en Internet, atraen sin duda la atención de centenares de usuarios. La mayor parte de ellas están destinadas a la invocación del san Antonio casamentero que, según la creencia, intercede ante quienes desean encontrar el amor. El taumaturgo adquiere entonces dotes de mago, para acudir al amparo de los devotos que lo reclaman. La Iglesia consiente, e incluso alienta, estas manifestaciones populares, a pesar de su cercanía con el mundo de la superstición. La mayor parte aparecen en páginas de santería, lugar al que acuden miles de amantes desesperados para buscar y compartir información.

La que sigue puede servir como ejemplo:[3]

Esto es algo fuerte lo recomiendo hacer solo en caso de que estan decidida(o)s a pasar toda su vida con la persona que van a atar hacia ustedes.

Cosas que necesitas

Un San Antonio de Padua

Una prenda de la persona a amarrar

Una prenda tuya

Perfume ven a mi

Un liston rojo

Una foto de la persona a amarrar

Una foto tuya

Tras la advertencia inicial, y el acopio de los materiales necesarios, se ha de proceder de la siguiente manera:

Atas la prenda de la persona a amarrar con la prenda tuya formando una sola. Despues pegas la  foto tuya con la de la persona a amarrar que queden cara con cara. Puedes ponerle miel en medio pero muy poca con la misma con la prenda de los dos vas a atar la foto al santo San Antonio de Padua. Las fotos deben de quedar bien atadas a San Antonio […]

Mientras le das las vueltas con el listón le vas a decir lo siguiente: San Antonio eres testigo de nuestra unión, tu te encargaras de que nuestras vidas queden unidas para siempre.

Unas velas y un poco de perfume completan el ritual. Antes de finalizar, y para garantizar la supuesta efectividad del conjuro, se recomienda terminar con la siguiente oración:

[…] ¡Oh Glorioso San Antonio! Pues las cosas perdidas son halladas por vuestra mediación y obráis tantos prodigios con vuestros devotos; yo os ruego y suplico me alcancéis de la Divina Majestad el recobrar la gracia que he perdido por mis pecados, y el favor que ahora deseo y pido, siendo para Gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

 Con toda seguridad quienes participan de estos conjuros desconocen estar siguiendo pautas rituales con idénticos ingredientes a los que servían a las enamoradas de siglos anteriores: buena parte de los elementos contenidos en estos sortilegios cuenta con una larguísima tradición ajena a la realidad virtual.[4] 

 

El nuevo concepto de predicación: del templo al ciberespacio

En un intento por modernizarse, y posiblemente por frenar la incesante disminución del número de fieles, las instituciones católicas han habilitado espacios en la red donde los usuarios pueden practicar su devoción. Como se ha indicado en páginas anteriores, Internet proporciona una alternativa a las acciones que tradicionalmente se han llevado a cabo dentro de los recintos religiosos, facilitando la tarea a los devotos más cómodos, y garantizando nuevas vías para quienes no tienen la posibilidad de desplazarse.

Algunas de las iglesias franciscanas más importantes, como la Basílica de San Antonio de Padua, disponen de una visita virtual que permite dar un paseo por su interior sin que nos tengamos que mover del sitio.

Allí, las tradicionales limosnas pueden realizarse mediante transacción bancaria introduciendo los dígitos de la tarjeta de crédito en un lugar especialmente diseñado para ello. Al pie de la misma se lee: Acuérdate de especificar siempre la intención de la ofrenda y de dejar también tu dirección.[5]

Y, cómo no, la modernización ha alcanzado al encargo de misas, que ahora pueden ser contratadas a distancia en espacios como www.elpandelospobres.es/misas.cfm. Es de suponer que este acercamiento hasta el mismo interior de las casas haya encontrado reflejo en un incremento de su rentabilidad.

Dentro de esta estrategia de adaptación y modernización han aparecido en los últimos años diversos comunicados de las autoridades religiosas tratando de regular, y a la vez potenciar, la nueva situación. Común a todos ellos es el interés por incorporar esta potentísima herramienta a la tarea de evangelización. Así lo refería el papa, Benedicto XVI, con motivo de la XLIV celebración de una jornada mundial de la comunicación:

 I moderni mezzi di comunicazione sono entrati da tempo a far parte degli strumenti ordinari, attraverso i quali le comunità ecclesiali si esprimono, entrando in contatto con il proprio territorio ed instaurando, molto spesso, forme di dialogo a più vasto raggio, ma la loro recente e pervasiva diffusione e il loro notevole influsso ne rendono sempre più importante ed utile l’uso nel ministero sacerdotale.[6]

Plantea esta decisión una perspectiva de trabajo hasta ahora desconocida. La adecuación a la nueva situación pasa, necesariamente, no sólo por el conocimiento de las tecnologías y recursos electrónicos modernos, sino por la adquisición de habilidades comunicativas ajenas a los canales tradicionales de difusión de la fe, mucho más ligados a la escritura canónica que a la rapidez de los diálogos de blogs, chats, foros, y otros sistemas de comunicación propios de la red. El predicador deberá trasladar su competencia comunicativa a estos espacios novedosos para convertirse en un transmisor eficaz:

Ai Presbiteri, invece, è richiesta la capacità di essere presenti nel mondo digitale nella costante fedeltà al messaggio evangelico, per esercitare il proprio ruolo di animatori di comunità che si esprimono ormai, sempre più spesso, attraverso le tante “voci” scaturite dal mondo digitale, ed annunciare il Vangelo avvalendosi, accanto agli strumenti tradizionali, dell’apporto di quella nuova generazione di audiovisivi (foto, video, animazioni, blog, siti web), che rappresentano inedite occasioni di dialogo e utili mezzi anche per l’evangelizzazione e la catechesi.[7]

 

Oraciones rogativas y libros de intenciones: del papel a la web

Este estudio se centrará a partir de ahora en una de las más interesantes manifestaciones de la presencia de san Antonio de Padua en la red: las oraciones rogativas. Constituyen éstas un excelente ejemplo para constatar la integración de la religiosidad popular en el mundo cibernético.

Muchas iglesias ofrecen la posibilidad de depositar frente a las representaciones de los santos, materializaciones simbólicas de la santidad, un pequeño papel con los ruegos y demandas dirigidos al taumaturgo. Si bien esta costumbre sigue plenamente vigente en la actualidad, ahora las páginas web de las congregaciones proponen un espacio alternativo donde poder comunicarse directamente con los protectores.  

Todas las oraciones rogativas contenidas en este trabajo han sido seleccionadas de entre los mensajes contenidos en páginas web oficiales del antonianismo. Destaca entre ellas www.sanantoniodepadua.org, cuya propia publicidad reza «el portal oficial del mundo antoniano», y de la que deriva a su vez www.carosantantonio.it. Han sido dejados de lado, por el momento, los otros centenares de portales donde miles de personas dejan cada día mensajes de contenidos parecidos.

La escritura, por tanto, forma parte fundamental del laberinto de novedades que aporta la red. Es por ello que los frailes antonianos de Padua animan a los visitantes de su página a dejar mensajes a san Antonio. Lo hacen con estas palabras:

A ti que navegas en Internet y llegas a estas páginas, la más fraterna bienvenida.

Los frailes de la Basílica de San Antonio te desean paz y bien en el Señor. 

Párate un momento en este sitio.

Sólo un momento para escribir una oración a San Antonio o enviar un mensaje a sus frailes.

La oración se pondrá en la Tumba de San Antonio.

Desde aquí puedes también visitar las otras páginas del mundo antoniano.

Si este sitio te gusta haz que tus amigos y tus seres queridos lo conozcan, haz correr la voz.[8]

Muchos elementos se hallan contenidos en estas palabras publicitarias: destaca frente a los demás la exhortación a intervenir activamente en éste y otros medios habilitados para tal efecto. 

La sección específicamente dedicada a la petición de gracias se divide a su vez en tres apartados: envía tu oración, oraciones publicadas y peticiones concedidas. Los dos últimos proporcionan al investigador un acceso privilegiado a la expresión íntima de la religiosidad.

 

Imagen publicitaria de la sección envía tu oración[9]

Antes de dar comienzo al análisis del corpus seleccionado, conviene individuar algunas de las características particulares que distinguen a estos textos producidos en la web de mensajes y conjuros tradicionales:

En primer lugar, quien escribe una oración rogativa en las páginas web tiene ante sí otra serie de testimonios que, con toda probabilidad, pueden condicionar la exteriorización de sus propios pensamientos. A pesar de ello, resulta sorprendente el grado de intimidad que algunos alcanzan.

Sin duda la ausencia de firmas y datos personales que permitan identificar a los autores se halla determinada por esta exhibición permanente. Por el contrario, las oraciones que se depositan en papeles doblados y amontonados a los pies de las estatuas, contienen una cantidad de datos importantes, que proporcionan al investigador, dicho sea de paso, material interesantísimo para su estudio. Los libros de intenciones ubicados en el interior de las iglesias, por su parte, constituyen un estadio intermedio entre aquellas y los anuncios en Internet: pueden ser leídos, pero la accesibilidad es más restringida y, sobre todo, se hayan dentro de un recinto eclesiástico donde la mayor parte de los visitantes, debemos suponer, comulga con el catolicismo. Internet, en cambio, es un medio abierto y eminentemente público. La privacidad apenas existe, y no cuenta con filtros efectivos que permitan limitar la entrada a los curiosos usuarios de sus páginas. Cualquiera puede husmear entre los deseos más íntimos de las personas, conocer sus pasiones y sus problemas más hondos.

Parte de la adaptabilidad de las devociones populares al espacio cibernético se debe a que constituye éste un medio democrático, donde los límites sociales se desdibujan: así por ejemplo, los errores de escritura y faltas ortográficas, muy frecuentes, por otro lado, entre estos grupos de misivas, no parecen condicionar a sus autores.

No resulta fácil determinar con precisión las características socioculturales de los devotos cibernautas, pero sí disponemos de datos suficientes como para afirmar que presentan rasgos propios. Resulta evidente que una parte de los interesados tiene dificultades considerables para adaptarse a las nuevas tecnologías (además de los frecuentes errores de escritura, hay otros determinados por la falta de conocimiento del medio informático). Las personas mayores, por ejemplo, se mantienen en su mayoría ancladas a los medios de devoción tradicionales y, con todo, Internet sigue sin llegar a lugares donde el mensaje eucarístico no tiene ninguna dificultad en acceder.

Prácticamente todas las oraciones analizadas están marcados por la inmediatez comunicativa. Destaca la espontaneidad de los testimonios, y su evidente cercanía a la enunciación oral. A pesar de que se trata de textos escritos, conviene volver a recordarlo, se hallan más próximos a la oralidad que a la escritura. Sobre la base de esta consideración, el presente artículo prestará especial atención a detectar los elementos que las sitúan en el límite difuso que separa estas dos categorías, en ocasiones mucho más cercanas de lo que se pudiera pensar.[10]

No debe perderse de vista, sin embargo, que el proceso de escritura constituye parte fundamental de esta devoción popular: las mismas peticiones podrían hacerse, como se hacen de hecho, mentalmente, pero su puesta por escrito parece conferir a la demanda una trascendencia mayor. Constituye un ingrediente mágico que, siempre según la mentalidad del creyente, facilitará su efectividad.

Es característica también, aunque pueda parecer contradictorio, la simultaneidad de emisión y recepción del mensaje: no espera el fiel que su santo bucee por la red en busca de su oración, sino que confía en que será transmitido en el mismo momento de su composición. Los devotos establecen, pues, una conversación espontánea diferida en el espacio. En este sentido nos enfrentamos a una modalidad de diálogo donde aquellos desempeñan a la vez el papel de los dos interlocutores. Obsérvese, por ejemplo, esta petición recogida en la iglesia de Santa María de Trastevere, en Roma: “Dios mío, asísteme, cumple tu palabra. Tú prometiste que Andrés (el monito) no vería las tinieblas y yo creo. Pero te pido que tengas misericordia de Tania (Francisca), Luti y Adelita como familia”.[11] La mujer que la compuso reclama a Dios el cumplimiento de su palabra pero, ¿en qué se basa? ¿acaso cree haber escuchado su respuesta? Obviamente es ella misma quien respondió, posiblemente llevada por su impaciencia.

Un rasgo más debe ser tenido en cuenta para enfrentarse a este nuevo formato comunicacional. Si bien no es exclusivo de este tipo de escritos, conviene evidenciarlo por su interés: gran parte de las intervenciones demuestran ser conversaciones simétricas, de tono familiar e improvisado. Todo ello a pesar de que la inmensa mayoría de los participantes ni siquiera conoce los datos más básicos acerca de la vida del santo.[12] Nada le preocupa esto al devoto, que basa sus manifestaciones en la creencia de que el portugués conoce todas sus inquietudes.

Esta familiaridad con la que muchos devotos se dirigen a sus santos distingue a la religiosidad popular frente a la jerarquización propia de la rigidez ortodoxa. No son percibidos aquellos como figuras inalcanzables ubicadas en los altares de las imponentes iglesias, sino como iguales (aunque tremendamente idealizados por el peso de la santidad) a los que tratar con la confianza propia del ser querido. Y ello se debe, además, a que los milagros antonianos son considerados no como hechos improbables, sino como sucesos cotidianos: lo maravilloso queda así integrado en la normalidad.

Las siguientes oraciones rogativas nos proporcionan un testimonio vivo de esta peculiar forma de tratamiento, más próxima, qué duda cabe, al contexto de la oralidad. Veamos algunos ejemplos:

Querido tonito... te pido ante todo salud para mi mi familiay q ilumines mi camino en este año nuevo y siempre y que me guies para lo mejor. ayudame a que se concrete lo que tanto deseo y sentirme plena y feliz o definitivamente sacalo de mi vida para poder volver a empezar y tener una familia feliz junto con mi hijito, con alguien que me ame y me valore, se case conmigoy me acepte con todo y mi hijo que me quiera gtal comosoy por favor vhor[13]

No se limita la llaneza de esta devota de san Antonio a la ruptura de las fórmulas de cortesía, sino que además se permite llevar la confianza al extremo dirigiéndose al ser santo con un nombre marcadamente familiar.

Y no es menos Fabiana, la autora del siguiente mensaje, quien sustituye el nombre propio del santo por un cariñoso amado: “amado muestrame tu presencia ayudame dame alegria en estas fiestas y ayudameeeeeee protege a mi hijo fabiana te amo”.[14] Obsérvese que las palabras referidas a la ayuda propiamente dicha son las más frecuentemente marcadas con rasgos de oralidad. Sobre ellas suele recaer el peso de la urgencia que atormenta a los devotos. Incluso los elementos paraverbales propios de la enunciación oral, como los alargamientos fónicos, aparecen en estos textos escritos. La ausencia de puntuación apunta en el mismo sentido.

Este otro devoto felicita al santo las Navidades con la misma espontaneidad que si de un amigo se tratara. Si no fuera porque sabemos de antemano que es un testimonio escrito, más parecería la transcripción de un diálogo, que la participación en una página web religiosa:

HOLA SN ANTONIO , FELIZ NAVIDAD , AQUI ME TIENES OTRAVEZ..., POR FAVOR 3 COSAS , AYUDA A LOLI , CUIDA A MI HIJO Y A MI HIJA , Y QUITAME A MI LOS PENSAMIENTOS RAROS QUE TENGO Y AYUDAME A OLVIDAR Y PERDONAR LO DE CHARO, GRACIAS SAN ANTONIO.[15]

Hay quienes se acercan a san Antonio de un modo continuado, llegando hacer de la comunicación con el santo un hecho cotidiano. Consciente de la insistencia con la que le solicita su ayuda, este devoto se califica a sí mismo de pesado. ¿Se tratará quizás de la misma persona que en el escrito anterior?:

HOLA SAN ANTONIO , AQUI ESTOY OTRA VEZ , EL PESADO , `POR FAVOR SOLUCIONA EL PROBLEMA DEL PISO DE MI MADRE , TE PROMETO UNA LIMOSNA A TUS POBRES , PIDESELO A NUESTRO SEÑOR Y UNA VEZ MAS INTERCEDE POR NOSOTROS ANTE NUESTRO SEÑOR , PIDELE ESTO , GRACIAS Y QUE SE HAGA LA VOLUNTAD DE NUESTRO SEÑOR.[16]

 

El san Antonio casamentero

Los devotos recurren a san Antonio con la esperanza de que resuelva aquellas circunstancias difíciles donde los hombres no alcanzan a actuar. Estas dificultades pueden ser de verdadera gravedad (muy frecuentes son, por ejemplo, las peticiones de sanación de dolencias que auguran la muerte del enfermo), y por ello reflejan la urgencia y el dolor transmitido por sus autores.

El que sigue es, quizás, uno de los testimonios más dramáticos de entre los que han sido examinados:

AYUDAME SAN ANTONIO POR FAVOR AYUDAME, NECESITO DE TU AYUDA, TE LO PIDO, TE LO RUEGO, TE LO SUPLICO, TE LO IMPLORO, DE TODO CORAZON POR FAVOR AYUDAME, SAN ANTONIO, EN TI CONFIO, EN TUS MANOS ME PONGO, AYUDAME POR FAVOR, AYUDAME, TE ESTARE ETERNAMENTE AGRADECIDA, AYUDAME POR FAVOR SAN ANTONIO ADORADO, AYUDAME.[17]

Obsérvese que el uso de las mayúsculas sirve para reproducir la pronunciación enfática propia del discurso hablado, constituyendo un evidente indicio de la presencia de rasgos sonoros. 

Aunque la tradición ha atribuido a san Antonio de Padua las más diversas habilidades, desde la protección del ganado y de los cultivos, hasta la sanación de enfermedades, pasando por la protección de niños y mujeres, entre otros, desde época moderna, su especialización se ha ido focalizando en dos aspectos determinados: su capacidad para encontrar objetos perdidos,[18] y la ayuda a quienes desean encontrar el amor. No es de extrañar, por ello, que éstas sean las dos facetas que pueden ser detectadas en Internet con mayor facilidad. Ambas tradiciones tienen origen posterior a la vida del santo, y no se hallan registradas en las hagiografías medievales. A pesar de ello se han convertido con el tiempo en sus señas de identidad características.

Sí es muy temprana la vinculación de san Antonio de Padua con las mujeres. Desde el comienzo ellas han protagonizado buena parte de sus favores, en general de orden doméstico. Es fácil que de ahí se diera después el salto a los problemas amorosos, que tanto han preocupado a éstas a lo largo de todas las épocas. 

De ahí posiblemente que la mayor parte de las rogativas con contenido amoroso estén compuestas por mujeres jóvenes que desean encontrar una pareja, o bien lograr el regreso de la que antes tenían. Confían plenamente en que san Antonio, a la vez mago y amigo, ejerza sus dotes de casamentero.

Los textos literarios están plagados de referencias al “sanantonio” que ajusta los matrimonios. Valga como ejemplo la mención que Galdós hace a este personaje en una de sus novelas ejemplares, El 19 de marzo y el 2 de mayo, en una recreación magistral de la vida cotidiana de la época: “Nada: el mes que entra a la vicaría. Restituta con mi señor Juan, y Vd. con su querida sobrinita Inés, que si no me engaño, le ha rezado ya algún padre nuestro a San Antonio para que esto se realice” (149).

Lo más habitual, y no sólo en este grupo temático, sino en general, es que las personas reclamen un beneficio para sí mismas o para sus seres más cercanos, y sólo en un pequeño porcentaje de las ocasiones se acuerdan los devotos de los males ajenos. Los testimonios donde se solicita un bien común, sin hacer referencia alguna a sí mismo, son escasísimos. Y es que no importa la gravedad objetiva del conflicto, sino el sufrimiento relativo de quien lo padece en primera persona. El emisor vuelca sus sentimientos y emociones sobre el mensaje que deja a su santo, en el que tiene plena confianza: “que juan y rosa vuelvan a estar juntos x favor”.[19]

No resulta difícil encontrar entre las súplicas abreviaciones de palabras propias de esta nueva tipología de escritura, donde prima la rapidez frente a la normativa, la exigencia comunicativa frente a la forma del mensaje. Con toda probabilidad la mayoría de los casos que presentan esta característica han sido compuestos por jóvenes.

Para sí misma, y no para los demás, recurre esta otra mujer a su santo. Con frecuencia las mujeres imploran la vuelta del amor perdido: las autoras de estos mensajes parecen estar más preocupadas por el comportamiento de sus parejas que los varones, más entregados a otras clases de inquietudes:

san antonio por favor ayudame con mi relacion con salva tu padremio me lo pusistes en mi camino que termine pronto la aceituna y volvamos a vernos pero ya en serio como novios proteje esta relacion yo le quiero mucho y pienso que el tambien que no me engañe con otra, que tenga ganas de salir conmigo aunque venga cansado del trabajo , que vayamos a sitios que este muy enamorado de mi como este verano gracias siempre me has ayudado cuando te he necesitado confio en ti.[20]

Más contundente que el anterior es el siguiente mensaje:

[…] Que F. se arrepienta de todo, que me pida perdón por todo... que solo exista yo en su vida y que se de cuenta de lo que ha hecho. Que no me vuelva a mentir ni engañar. Por favor San Antonio te lo ruego, haz el milagro que te pido. Te quiero. M.A.[21]

Obsérvese que éste es el único de los mensajes seleccionados donde aparece una referencia al nombre. El uso de las iniciales en sustitución de la firma completa, caso de que aparezcan, resulta mucho más frecuente en la red, como ya ha quedado dicho, que en los soportes en papel.

 

El san Antonio de las cosas perdidas

La virtud de encontrar los objetos perdidos no es exclusiva de san Antonio de Padua. En España la misma habilidad es atribuida, por ejemplo, a san Cucufato, también invocado para idénticos menesteres. Pero la tradición ha querido que nuestro santo sea reconocido mundialmente como un experto en la tarea de hallar las cosas extraviadas.

Hoy en día, para garantizar su supuesta efectividad, los fieles someten al santo a los castigos más extravagantes, llegando incluso a colgarle bocabajo o a robarle el niño Jesús que suele llevar entre los brazos hasta que haga aparecer, como por arte de magia, aquello que se busca. Acciones como éstas vienen acompañadas, además, por amenazadoras oraciones, que más parecen fórmulas mágicas que rezos católicos.  

Vamos a recurrir ahora a la que es, quizás, una de las más interesantes biografías de san Antonio de Padua: la compuesta por Mateo Alemán, publicada en Sevilla en el año 1604 y de la que, por desgracia, no existe todavía una edición moderna. La comparación de los milagros recogidos por el escritor con las oraciones rogativas actuales nos permite comprobar la pervivencia en Internet de un rito antoniano vivo, al menos desde el siglo XVI.

 El octavo capítulo de la hagiografía está dedicado por entero a supuestos milagros donde se hallan cosas perdidas. El epígrafe reza Prosíguese con otros milagros que hizo San Antonio en cosas perdidas” (323).

Mateo Alemán, San Antonio de Padua, Sevilla, 1604.

Aprovecha Alemán el tema para reprobar el exceso de riquezas materiales, que terminan por corromper la integridad moral de los hombres, frente a aquellas espirituales, que le llenan de gloria. Henri Guerreiro compuso un extenso artículo aparecido en la revista Criticón con el título El San Antonio de Padua de Mateo Alemán: tradición hagiográfica y proceso ideológico de reescritura. En torno al tema de pobres y poderosos donde pone de manifiesto el proceso por el cual el escritor adapta la hagiografía tradicional a las problemáticas de su siglo. Para ello Alemán añade nuevos episodios y comentarios inexistentes en las fuentes antonianas o, en palabras de Guerreiro en su conclusión al estudio, convierte la obra en una:

Narración de algunos episodios sobresalientes de la vida del Paduano y de ciertos portentos por él protagonizados, que Mateo Alemán procura reelaborar a su modo, esmerándose primero en su verosimilitud, pero confiriéndoles sobre todo, siempre que resulta posible, un significado que corresponde a preocupaciones ideológicas suyas, acordes con su propia visión de la sociedad aurisecular y del mundo. De ahí, en conexión con el relato pero totalmente ajeno a las mismas fuentes tradicionales antonianas, cunde un discurso rebosante de avisos espirituales, de digresiones morales, de reflexiones sociopolíticas, que adoptan modos expresivos múltiples. (51)

La nueva orientación del prodigio hacia la crítica social explica la insistencia en erigir al portugués como ejemplo de generosidad hacia los demás. Tras una condena a aquellos poderosos corrompidos por sus riquezas, acusados a la vez de ser crueles opresores de los más débiles, presenta el prodigio antoniano:

Y aunque generalmente (como reza la Iglesia) es tan general en el socorrer en todos los trabajos, la prerrogativa suya en particular es deparar lo perdido, supliquémosle nos depare lo que nos falta para salvarnos, alcançándonos la gracia perdida como lo más principal, y confiemos en él, que también acudirá a darnos los bienes temporales cuando a caso los perdiéremos o nos falten algunos, como lo hizo y haze de ordinario, y veremos en este capítulo. (325-325v.)

 No sólo alude Mateo Alemán a los prodigios observados por los protagonistas de sus relatos, sino que basa su discurso en la creencia de haberlos presenciado por sí mismo:

Querer aquí referir más milagros destos juzgue cada uno de sus devotos si sería posible según son infinitos. Pues con ser yo solo, tengo conocidamente visto tantos en mí, que no sé cómo podrían escrevirse. (332v.)

El protagonista del prodigio que sigue es, a todas luces, un hombre poderoso. Se trata de Íñigo Manrique, obispo de la ciudad de Córdoba en los últimos años del siglo XV, tras haber ostentado idéntico cargo en León. Declarado devoto de san Antonio, al que con frecuencia se dirigía, vino a perder un día el anillo con el que se había consagrado:

Don Íñigo Manrique, Obispo de Córdova, que fue Inquisidor general en los Reynos de Castilla, era grandísimo devoto de San Antonio. De manera que le parecía tenerlo tan de mano, que ninguna cosa le suplicava que pidiesse a Dios por él que dexase de otorgársela. Sucedióle, que aviéndosele perdido un anillo de oro, con una piedra muy rica, lo sintió mucho, no tanto por el valor, como averse consagrado con él y tenerle por ello particular afición. Hizo decir muchas missas a San Antonio, mas el anillo no pareció, ni del tuvo noticia y assí se quedó (como perdido) por algún tiempo.

Hasta que un día, teniendo el Obispo ciertos cavalleros deudos y amigos suyos por convidados, y sentados a comer junto a una chimenea, estando en conversación, fue rodando, hasta tratarse de los milagros de San Antonio, que dixo el Obispo: Mucha devoción tengo con el glorioso Santo, por ser uno de los mayores que gozan de Dios, y puedo dezir con verdad, que todas las cosas que le tengo encomendadas las e venido a conseguir con sus intercessiones. Mas agora, podría en una manera estar quexoso del, porque aviéndoseme perdido un anillo de mucha estimación, que fue con él que me consagré, aviéndoselo encomendado, y héchole dezir muchas Missas, pidiéndole con encarecimiento que me lo depare, no lo ha hecho. Mas aun esperança tengo en Dios, y en él, que lo e de hallar y no se ha de perder. (332v.)

Y es en ese preciso instante, ante la atenta mirada de los comensales, cuando se da la aparición milagrosa del anillo: 

Esto estava diziendo y después dello no avían atravesado más palabra, cuando súbitamente vieron todos caer el anillo en medio de la mesa, de hazia la parte de la chimenea. De lo cual se causó en todos admiración muy grande y conocieron cuán misericordioso es Dios, y cuán obrador de milagros por sus Santos. Este puso en todos mucha devoción para con San Antonio por visto con demostración ser obrado a su intercesión y ruego, y assí le dieron por ello muchas gracias. (332v.-333)

Con o sin proceso de reescritura, con mensaje socio-político o en ausencia de él, el caso es que Mateo Alemán comparte su creencia con los cibernautas del siglo xxi: casos de evidente parecido a los descritos por él pueden ser individuados en el mundo virtual.

El relato pormenorizado del próximo testimonio, ésta vez actual, aporta una información interesantísima. También éste ha sido seleccionado de entre los de la página web www.carosantantonio.it, aunque en esta ocasión pertenece a la sección de las gracias concedidas. Es, a diferencia de los demás, un texto más largo y elaborado, donde predomina la narración frente a la manifestación de los sentimientos. Seguramente se deba a que carece de la urgencia con la que han sido compuestos los otros, visto que el favor habría sido concedido ya. La devota pretende relatar su experiencia para agradecer al santo su supuesta intercesión y a la vez contribuir con su testimonio ante los visitantes de la página:

Estoy muy agradecida por san antonio el siempre esta presente en mi cuando recurro a él me responde, hace aproximadamente 1 mes se me perdió un zarcillo de oro (en horas de la mañana) que era de mi mamá me devolvi por el camino a buscarlo y no lo hallé, llegue a mi casa y busque en el piso y no lo halle busque en mi cama la sacudi y no lo hallé, 3 veces busque en la cama entre las almohadas y las sabanas y el edredon y no lo halle me dispuse hacer un rosario a san antonio le pedi desesperada por encontrar el zarcillo y solte mi peticion (eran ya casi de emdia noche) cuando me dispuse a dormir y arregle mi cama para meterme movi la almohada y el zarcillo estaba ahi, ya dije que busque 3 veces antes y no lo hallé y busque muy bien, lo encontre despues que pedi al santo, que alegria mi corazon se hincho de gracia, gracias a la intercesion del santo yo lo encontré, él oyo mi suplica desesperada y mi fe en él, y aumento mi fe garcias a su intercesion. Gracias San Antonio y que mi testimonio sirva para los fieles, creyentes y no creyentes de las intercesiones que por medio de este santo hace Dios a sus hjos amén.[22]

Igual que le ocurrió a Íñigo Manrique, la joya aparece de forma sorprendente gracias a la intercesión sobrenatural del santo. Se da, pues, en este tipo de relatos, sea en los literarios que en las oraciones contemporáneas, la atribución de un valor sentimental al objeto extraviado. Ello no quiere decir que no existan otras demandas muchas más pragmáticas, como por ejemplo la de quienes desean recuperar papeles, carteras, dinero, etcétera.

El segundo testimonio virtual está dedicado no a una, sino a una serie de cuestiones de diferente naturaleza. Entre ellas la que nos ocupa: la pérdida de los papeles de “la Fer”, tal como dice su autor, que parecen tener suficiente importancia como para inquietar a la familia. De hecho está la primera en la lista de preocupaciones de este hombre, que sólo en segundo lugar demanda protección para algunos de sus seres queridos:

agrAdezco las bendiciones recibidas para mi y mi familia, pido tu interceccion para k aparezcan los papeles k busca la fer. ilumina, protege guia por el buen caminoa mis hijas a mis nietos a cada uno de mis hermanos y sus familias mis oraciones incluyen a la pupa, cony y daniela para k les permitas salir adelante.bendice nuestros trabajos amistades, proyectos, vida, pARa k puedamos salir adelante amen amen amen[23]

Otros textos semejantes podrían ser añadidos en este capítulo, pero la brevedad que ha de limitar este estudio obliga a dejarlos para otro trabajo de mayores proporciones.

 

 

 

Conclusión

La presencia de san Antonio en la red informática confirma la supervivencia de devociones que encuentran su origen en época medieval. Su presencia allí es signo inequívoco de que gozan, además, de una gran vitalidad en nuestros días.

Con el paso de los siglos las manifestaciones de la santidad se han sabido adaptar al desarrollo tecnológico. De esta adecuación se deriva una nueva tipología textual que, como ha quedado demostrado, tiene más de discurso oral que de texto escrito. La voz de los devotos encuentra en las oraciones cibernéticas un espacio adecuado para transmitir sus anhelos a su “sanantonio”.

En las hagiografías de los Siglos de Oro, o en la red informática, en el siglo XVII o en pleno siglo xxi, los devotos siguen invocando a san Antonio de Padua para que les ayude a resolver sus inquietudes. Algunas de ellas, tales como la búsqueda del amor, o de los objetos perdidos, forman parte de los reclamos más habituales dirigidos  al santo que, según las creencias, intercede ante Dios para completar las carencias de los hombres, ya sean éstos objetos materiales que espirituales.

 

Obras citadas

 

Alemán, Mateo. San Antonio de Padua. Sevilla: Imprenta de Clemente Hidalgo, 1604.

Blanche-Benveniste, Claire. Estudios lingüísticos sobre la relación entre oralidad y escritura. Introd. Ana Teberosky. Trad. Lía Varela Barcelona: Gedisa, 1998.

Bustos Tovar, José Jesús, “De la oralidad a la escritura”. El español coloquial. Actas del I Simposio sobre análisis del discurso oral. Ed. Luis Cortés. Almería: Universidad de Almería, 1995. 11-28.

Calsamiglia Blancafort, Helena y Tusón Valls, Amparo. Las cosas del decir: Manual de análisis del discurso.Barcelona: Ariel, 1999.

Cascón Martín, Eugenio. Español coloquial: rasgos, formas y fraseología de la lengua diaria. Madrid: Edinumen, 1995.

Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/offerte.asp (fecha de consulta: 20 de mayo 2010)

Gamboso, Vergilio. Antonio di Padova. Vita e spiritualità. Padua: Edizioni Messaggero, 2003.

---. Libro dei miracoli di sant’Antonio. Padua: Edizioni Messaggero, 2008.

Guerreiro, Henri. El San Antonio de Padua de Mateo Alemán: tradición hagiográfica y proceso ideológico de reescritura. En torno al tema de pobres y poderosos”. Criticón 77 (1999): 5-52.

Giuriati, Paolo. Devozione a S. Antonio, Ricognizione socio-culturale. Padua: Edizioni Messagero, 1983.

López García, Ángel. “El espacio de la escritura frente al espacio de la oralidad”. Oralia 3 (1998): 7-20.

La Santa Sede [en línea], http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages (fecha de consulta: 20 de agosto 2010)

Pérez Galdós, Benito. El 19 de marzo y el 2 de mayo. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Alicante: Universidad de Alicante, 2001.

Strappazzon, Valentín. Vida de San Antonio de Padua. Madrid: San Pablo, 1995.



Notas

 

[1] La primera de sus hagiografías recibe el nombre de Assidua. Sabemos que fue escrita por un franciscano contemporáneo al santo, aunque se desconoce su nombre. A pesar de que tuvo una gran popularidad, habrá que esperar más de seis siglos hasta ver una versión impresa de la misma. De la tercera década del siglo XIII es el Oficio Rítmico de Giuliano da Spira, franciscano alemán, conocido especialmente por el responsorio que reza Si quaeris miracula. Por la misma época compone la Vita Secunda. La Benignitas, de finales del siglo XIII, fue encargada a John Peckham con ocasión de la celebración de un capítulo general franciscano. La Raymundina, algo posterior, debió de ser compuesta por un paduano de nombre aún desconocido. Jean de Rigaud escribió la llamada Rigaldina, En el siglo XIV otra gran obra franciscana con un apartado dedicado a nuestro santo verá la luz: el Liber miraculorum, escrito por el aquitano Sarrant, que añade una serie de milagros a las compilaciones anteriores. Entre 1433 y 1437 se redacta la Vita, debida a Polentone. En 1572 Sauer, escritor alemán, publicó en Colonia la Vida de San Antonio. De ahí en adelante el santo va ganando en popularidad, y cada vez son más numerosas las biografías y colecciones de milagros que protagoniza. Existen ediciones modernas de la mayor parte de las obras citadas. El franciscano Vergilio Gamboso (Antonio de Padova. Vita e spiritualità), entre otros, se ha encargado de publicar algunas de ellas.

[2] Imagen publicitaria de la revista El pan de los pobres, www.elpandelospobres.es [en línea], (fecha de consulta: 20 de mayo 5 de 2010).

[3] Información tomada de la página web Brujería y hechizos gratis [en línea], http://www.brujeriayhechizos.com/2010/04/como-hacer-un-amarre-de-amor-efectivo-y.html (fecha de consulta: 1 de marzo 3 de 2010).

 Se han mantenido todos los rasgos gráficos de los textos. En ningún caso se ha intervenido sobre ellos ni se ha corregido los errores ortográficos, sintácticos o de puntación, dado que se trata de observar con la mayor precisión sus características. 

[4] Un artículo escrito por mí sobre la presencia en la red de conjuros idénticos a los registrados por la Inquisición en los Siglos de Oro españoles podrá leerse en las actas (aún inéditas) del XVII congreso de la AIH, celebrado en Roma en julio del 2010.

[5] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/offerte.asp (fecha de consulta: 20 de mayo de 2010).

[6] Mensaje del papa Benedicto XVI en la XLIV jornada mundial de las comunicaciones sociales: Il sacerdote e la pastorale nel mondo digitale: i nuovi media al servizio della parola, domingo 16 de mayo del 2010. En La Santa Sede [en línea], http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages (fecha de consulta: 20 de agosto de 2010).

[7] La Santa Sede [en línea], http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages (fecha de consulta: 20 de agosto de 2010).

[8] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 20 de diciembre de 2010)

[9] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/offerte.asp (fecha de consulta: 20 de mayo de 2010)

[10] Son muchos los estudios que defienden la cercanía entre los discursos oral y escrito. Valgan como referencia los de Claire Blanche-Benveniste, José Jesús Bustos Tovar, Helena Calsamiglia Blancafort y Amparo Tusón Valls, Eugenio Cascón Martín y Ángel López García (véase la bibliografía).

[11] Fue recogido por mí en la Iglesia de Santa María de Trastevere (Roma) durante un trabajo de investigación sobre la devoción en esta iglesia realizado en el año 2009.

[12] Valentín Strappazzon recoge los siguientes datos proporcionados por Antoine Vergote: “¿Cómo se explica que un hombre de gran cultura, que fue misionero y predicador como muchos otros de su tiempo, y que llevó una vida discreta, modesta y común, se haya convertido en objeto de un culto en el que su realidad histórica es casi completamente ignorada? Solamente el 3% de los que visitan su tumba conocen su fecha de nacimiento; sólo uno sabe que estuvo en Marruecos; el 79% lo ignoran todo de su vida y de su muerte” (128-129). Otros datos estadísticos acerca del culto a San Antonio en la basílica de Padua en Paolo Giuriati.

[13] Todas las oraciones rogativas en adelante citadas han sido tomadas de la página Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 7 de enero de 2011)

[14] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 7 de enero de 2011).

[15] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 7 de enero de 2011).

[16] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 7 de enero de 2011).

[17] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 7 de enero de 2011).

[18] El prodigio conocido como “robo del salterio”, ha sido relacionado con esta atribución, aunque en realidad tiene con ella una vinculación tan solo relativa. Aparece este milagro en el ya citado Liber Miraculorum: se narra allí cómo siendo san Antonio profesor de Teología en Montpellier, un joven novicio robó durante la noche un salterio de gran valor que el santo usaba durante sus clases. Cuando supo éste la noticia, comenzó a rezar. En aquel mismo instante, al joven se le apareció el diablo y, arrepentido, decidió restituir el objeto robado. Con todo, la vinculación no es determinante, y la atribución de esta cualidad podría provenir, simplemente, de un contagio de relatos prestados de otros personajes. Puede leerse el prodigio, por ejemplo, en Vergilio Gamboso (Libro 36-37).

[19] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 7 de enero de2011).

[20] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 7 de enero de 2011).

[21] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 7 de enero de 2011).

[22] De la sección de la web de peticiones concedidas2 en: Querido San Antonio [en línea],  http://www.carosantantonio.it/spa/preghiere_esaudite_pubblicate.asp, (fecha de consulta: 20 de diciembre 2010).

[23] Querido San Antonio [en línea], http://www.carosantantonio.it/spa/home.asp (fecha de consulta: 20 de diciembre de 2010)