introducción

 

Francisco Ramírez Santacruz

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

 

El tema de la oralidad en la literatura empezó seriamente a estudiarse a partir de los trabajos de Eric Havelock en la Grecia Antigua y el seminal estudio de A. B. Lord sobre los guslari yugoslavos hasta llegar a discusiones más modernas como las de Marshall McLuhan o Walter Ong para culminar en una síntesis maravillosa con el legado del medievalista Paul Zumthor. Dentro del hispanismo dicho tema fue, en un inicio, parcialmente abordado por Ramón Menéndez Pidal y sus discípulos desde el ámbito de la literatura tradicional; los trabajos de Margit Frenk, Elías Rivers y Michel Moner, entre otros, a partir de la década de los 80 finalmente terminaron por convencer a numerosos investigadores de abandonar el “escritocentrismo” y sumar esfuerzos para comprender mejor las distintas maneras de un patrimonio oral colectivo y sus repercusiones en la escritura. Siguiendo a Domínguez Caparrós podemos decir que, en términos generales, la oralidad se ha estudiado en tres grandes apartados: a) las manifestaciones orales de distintos géneros literarios, b) la serie de observaciones que tienen que ver con la manera en que la literatura imita distintas manifestaciones orales del lenguaje y c) el estudio de la oralidad y lo que se relaciona con ella (voz, entonación, etc.) como tema de la literatura (7).

No debe extrañar, en un principio, que la mayoría de los estudios hispánicos sobre oralidad giren en torno a las literaturas medieval y de los siglos de oro, pues en dichos períodos, como ha sido ampliamente documentado, existió “un mundo de oralidades y oralizaciones, donde los textos impresos circulan de los ojos a los oídos y la memoria juega un papel importante” (Frenk 43). Sin embargo, nuevos acercamientos sugieren que también para los siglos más recientes se requiere un estudio sistemático de la oralidad si se quiere comprender a cabalidad algunas de las creaciones más significativas, distanciándose así de aquella tendencia generalizada de no escuchar las voces en los textos. Algunas investigaciones de este tipo, como las de Ángel Rama, sostienen, a partir del concepto de transculturación narrativa, que en América Latina hay una serie de autores canónicos (Arguedas, Rulfo, Roas Bastos y Guimaraes Rosa) que no pueden estudiarse si se prescinde de la interacción entre lo oral y lo escrito. Al nombre de Rama hay que sumar los de Martín Lienhard, Antonio Cornejo Polar y, en un contexto distinto, los de Mijaíl Bajtín, Jacques Derrida y Jack Goody, por mencionar sólo a algunos cuantos.

Pero no se pretende aquí zanjar cuestiones o abordar temas que necesariamente salen del marco de una presentación. Es cierto que hay mucho que decir sobre las imprecisiones manifiestas en torno a varios conceptos relacionados con la oralidad, pero esta labor, según se verá, la emprenden de manera brillante los colaboradores del presente volumen. Lo que nos parecía más urgente era contribuir a una discusión que parece cada día más apremiante sobre la literatura de base oral y los temas que de ella emanan, así como también abordar una importante laguna relacionada al trasvase entre lo oral y lo escrito en los siglos más recientes.

Organizados en cinco secciones (teoría, lírica, narrativa, tradición oral y poética de la voz) los 17 ensayos, escritos en español, inglés o portugués, abordan el tema de la escritura y la oralidad desde múltiples y heterogéneos ámbitos, al vincularlo con otras disciplinas como la filosofía, la historiografía, la lingüística, la antropología, etc.; los autores recurren a obras emanadas a lo largo de todo el continente americano ¾Brasil, Cuba, México, Perú, Venezuela, entre otros¾ y la Península Ibérica. En la primera sección se discurre sobre las paradojas y contradicciones de los estudios dedicados a la oralidad, sobre la pertenencia de lo oral y lo escrito a un mismo sistema, y sobre la función capital del compilador de canciones tradicionales. La segunda sección aborda la importancia de la oralidad para la poesía española e hispanoamericana de la actualidad, así como la voz femenina en los inicios de la lírica hispánica. El apartado dedicado a la narrativa se detiene en el estudio de la oralidad transcrita, en el uso de la tradición oral para la legitimación política, y en la innovación narrativa y el tradicionalismo popular a partir de la oralidad. Estudios dedicados a la tradición oral conforman la cuarta sección: los ensayos analizan el simbolismo de los toros en la literatura culta y el folclore, las devociones populares a san Antonio en Internet, las oraciones en la elaboración del pan, la oralidad e invención en un romancero portugués y la poética de la canción tradicional formulada por ella misma. En la última sección se subraya la importancia de la voz en dos novelas mexicanas del siglo xx y, asimismo, se destaca, con brillantez, cómo la temible voz del pregonero repercutía en grandes ámbitos de la vida social de la Puebla novohispana. En su conjunto, el volumen ofrece una perspectiva multidisciplinaria en torno a la escritura y la oralidad.

Es posible percibir en la voz humana un punto de convergencia de todas las aportaciones. Hace casi treinta años se extrañaba Zumthor de que no existiera aún una ciencia de la voz, que partiera de una física y de una fisiología hasta llegar a una lingüística, una antropología y una historia de ella. Probablemente ese sea el próximo gran paso que se atrevan a dar las ciencias humanas. Tendremos que esperar a que ese día llegue para sentirnos plenamente facultados para percibir, en palabras de José Gorostiza, “el aura de la voz”.

 

Obras citadas

 

Domínguez Caparrós, José. “Literatura, actos de lenguaje y oralidad”. Edad de oro 7 (1988): 5-13.

Frenk, Margit. Entre la voz y el silencio. La lectura en tiempos de Cervantes. México: Fondo de Cultura Económica, 2005.