el recuerdo del holocausto y “el caso marco”: deber de memoria, abuso preventivo o memoria para el triunfo

Pepa Novell

Queens University

 

-Quizá la razón de la lucha es ésta: el ser vivo encuentra la máxima afirmación de su existencia en el triunfo, y es la lucha abierta con el adversario, o es la batalla contra el enemigo, o es el crimen.

Victoria Kent, Cuatro años en París. 1940-1944

 

            En los últimos años, en la Europa comunitaria, se ha venido insistiendo en la necesidad de recuperación de la memoria como única vía posible para la construcción de un futuro sólido. Recientemente, un intelectual como Václav Havel (Praga 1936), admirado no sólo en Europa sino en el ámbito internacional, afirma que la escritura de su libro de memorias Sea breve por favor surge como deber para dejar un testimonio (intelectual, político y vital) a las nuevas generaciones, destinatarias principales para quienes es totalmente necesario conservar la memoria histórica.[1] Su defensa de la memoria histórica no se debe a ninguna moda u oportunismo literario-intelectual, sino a su absoluto convencimiento de que “sin la memoria histórica no existe la continuidad histórica ni se mantiene la identidad” (El País, 21 septiembre 2008).

            Las causas de este interés de recuperación de la memoria histórica surgen por motivos diversos, aunque mayormente estoy de acuerdo con la idea expuesta por Hartog ¾que recoge Bermejo (2004)¾ de que un detonante definitivo ha sido la onda propagada por la conmemoración del 60 aniversario de la liberación de Auschwitz.[2] En el contexto español, y coincidiendo con el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, se ha insistido tenazmente en la recuperación de la memoria, hasta el punto de conseguir la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica para conseguir paliar un vacío histórico que, en opinión de muchos ciudadanos españoles, era necesario para la evolución de la sociedad española hacia una democracia consolidada.[3]

Revisar el pasado para aprender de los errores cometidos y tratar de mitigarlos es una cuestión que, aunque parece del todo lógica, no es frecuente en nuestras sociedades occidentales y resulta incómoda a la par que problemática. El pasado conflictivo de una historia nacional, en la mayor parte, es un asunto que suele quedar enmarcado en el contexto interno de ese país, pero cuando ese pasado conflictivo atañe a colectivos de otras nacionalidades, religiones y/o etnias, su recuerdo se complica. Este es el caso del Holocausto. El Holocausto, en tanto que tema de envergadura internacional, es una de esas cuestiones cuyo recuerdo y cuya revisión han sido analizados desde distintas perspectivas, las cuales coinciden con los parámetros de memoria colectiva que establece Stathis N. Kalyvas. En su artículo “Cuatro maneras de recordar un pasado conflictivo”, propone un acercamiento al recuerdo pretérito desde cuatro posiciones distintas: la exclusión, el silencio, la inclusión y el conflicto. Se trata de cuatro tipos de “regímenes de memoria colectiva” que cada país y cada sociedad ha aplicado a su recuperación del pasado según el momento histórico y la situación socio-política.

            El Holocausto se ha definido como “the systematic state-sponsored killing of six million Jewish men, women and children, and millions of others (la cursiva es mía) by Nazi Germany and its collaborators during World War II. The Germans called this ‘the final solution to the Jewish question’” (www.britannica.com). Quedan incluidos en ese others un importante número de ciudadanos del Estado español. Cabe preguntarse qué conocimiento se tiene en la actualidad del tema y cómo se recuerda. Así pues me propongo analizar cómo se ha llevado a cabo la memoria colectiva del Holocausto en la España democrática desde la aportación temprana de algunos intelectuales, periodistas y escritores hasta el llamado “caso Marco.”

 

El Holocausto como tema

            Salvo algunos nombres relevantes en el mundo de la política española, como es el caso de Jorge Semprún (Madrid 1923), Ministro de Cultura del gobierno socialista de Felipe González en el periodo 1988-1991, la información que se tiene de la presencia española en los campos de concentración ha sido escasa y poco divulgada. A pesar de que la gran mayoría de los campos de concentración alemanes fue liberada en los primeros meses de 1945, con la consecuente expansión informativo-mediática en la prensa internacional y la proliferación narrativo-literaria de aquellos que la sobrevivieron y quisieron dejar testimonio escrito de su experiencia, el régimen franquista obviamente abortó cualquier intento de dar a conocer las atrocidades cometidas en dichos campos, silenciando no sólo los sucesos mismos sino también la voz de aquellos españoles que habían sufrido el cautiverio en primera persona.[4] Una de las primeras voces que intentó hacerse oír fue la de Joaquim Amat-Piniella (Manresa, Barcelona 1913-Bellvitge, Barcelona 1974). Liberado de Mauthausen en 1945, se exilió en Andorra un año después, desde donde escribió su novela K. L. Reich.[5] Se trata de una obra en la que mediante un alter ego del autor, l’Emili (Emilio), se narra el sufrimiento vital en un campo de exterminio nazi. A pesar de que la obra fue escrita en 1946, siendo con los hechos muy recientes los hechos, pasó casi veinte años sin ser publicada, puesto que los censores franquistas la interpretaron como una autobiografía del autor y le atribuyeron falta de objetividad. Tuvo que esperar 17 años para su aparición tanto en castellano como en lengua catalana.[6] Amat-Piniella dedicaba su novela a Pere Vives i Clavé (Barcelona 1910-Mauthausen 1941), amigo íntimo del autor, con quien compartió el exilio francés y la vivencia de Mauthausen, que murió por inyección de gasolina en el corazón; y también al General estadounidense Omar Bradley, jefe de las fuerzas que liberaron el campo.[7]

Pere Vives i Clavé dejaría un valioso testimonio para todos los que querían saber más de los campos de concentración nazis: sus cartas, que salían a la luz en 1972 bajo el título Cartes des dels camps de concentració (Cartas desde los campos de concentración), publicadas por Edicions 62.[8] En el mismo año de publicación de K. L. Reich, Jorge Semprún publicaba en Francia su primera obra Le grand voyage (El largo viaje), a la que le seguirían otras recreando distintos momentos y diferentes situaciones vividas en el campo de Buchenwald.[9] Tanto las cartas de Vives como la novela de Amat-Piniella y las primeras obras de Semprún se pudieron leer todavía bajo la dictadura de Franco y cabe mencionar que incluso con anterioridad a éstas habían llegado a la Península algunas noticias, vagas todavía, de la existencia de los campos de concentración nazis. Una de las más significativas fue un artículo publicado en el rotativo Mañana. Portavoz del Partido Sindicalista en Cataluña.[10] Bajo el título “Eso es el fascismo: los horrores del campo de Buchenwald”, el artículo alertaba de los sucesos ocurridos en dicho campo. El artículo tuvo poca repercusión puesto que, según afirma la mayoría de los deportados vivos que tuvo acceso a su lectura, no se tenía mucho conocimiento de lo que era un campo nazi. En cambio, algunos de estos deportados recuerdan perfectamente otro artículo publicado con anterioridad que pudieron leer en catalán, en Mirador,en febrero de 1937 como: “Quatre setmanes en poder dels bandits nazis”. La traducción literal sería “Cuatro semanas en poder de los bandidos nazis”, aunque su versión en español apareció como “En el campo de asesinos de Dachau”. En este texto se narraban las atrocidades que se cometían en ese campo, sufridas su autor durante cuatro semanas. Hans Beimler (Munich 1895-Madrid 1936), autor del artículo, fue deportado a Dachau en 1933, de donde huyó, para unirse posteriormente como brigada internacional a la Guerra Civil española. Murió durante el ataque a la Ciudad Universitaria de Madrid en 1936, y a su entierro asistieron algunos deportados catalanes.[11]

            A pesar de la posible información que pudiera circular sobre el Holocausto y las experiencias diversas en los distintos campos de concentración, no fue hasta la publicación de una gran obra documental, Els catalans als camps nazis (Los catalanes en los campos nazis), que se tuvo acceso directo al testimonio de los deportados. En el año 1977, la escritora y periodista catalana Montserrat Roig (Barcelona 1943-1991) ofreció un estupendo testimonio de lo que había sido la experiencia de los campos de concentración nazis por parte de algunos catalanes. En su afán por comprometerse socialmente, Roig consiguió reunir un buen número de testimonios de personas que sufrieron la vivencia concentracionaria, para de este modo dar voz a aquellos que habían luchado contra los fascismos y las dictaduras europeos, y también a aquellos que habían perecido.[12] Se centraba básicamente en ciudadanos de Cataluña ¾en “els ciutadans dels Països Catalans, nascuts o immigrants en aquestes terres, que patiren la deportació als camps nazis” (“los ciudadanos de los Países Catalanes, nacidos o inmigrantes en estas tierras, que sufrieron la deportación a los campos nazis”) (Roig 15)¾ para intentar descubrir una parte de la historia del siglo xx que, en su opinión, había quedado velada y que merecía su propio espacio.[13] Así, en el prólogo a su obra declaraba:

Si damunt de la nostra Guerra Civil hi ha hagut una boira fictícia però densa, hi ha aspectes del nostre passat recent que semblen haver estat engolits per l’absurd, pel no-res. Aquest és el cas dels catalans antifeixistes que patiren la deportació als camps nazis. (Si sobre nuestra Guerra Civil ha habido una neblina ficticia aunque densa, hay aspectos de nuestro pasado reciente que parece habérselos tragado lo absurdo, la nada. Este es el caso de los catalanes antifascistas que sufrieron la deportación a los campos nazis) (11)

Con esto Roig reafirmaba su opinión sobre el vacío existente alrededor del tema del Holocausto en relación con Cataluña y el Estado español, silenciado indiscutiblemente a lo largo de todo el régimen franquista, y constataba su intención de denunciar, bajo un marco democrático casi por estrenar, unos acontecimientos celados.[14]

            Ya desde la década de 1930, momento en el que aparecen los primeros testimonios escritos en los que se denuncian los primeros crímenes del nazismo alemán, hasta la actualidad, la experiencia de los campos de concentración y la cuestión del Holocausto han ido suscitando el interés de intelectuales, pensadores, investigadores y estudiosos internacionales paulatinamente y de una manera muy progresiva y poco constante. En cada país ha tenido sus repercusiones y se han propuesto aproximaciones al tema de modos diversos, originando mayor o menor interés en función del momento histórico, de las circunstancias sociales y de la repercusión mediática. En el caso del Estado español, a pesar de que la llegada de los deportados catalanes y españoles a los campos tuvo lugar a partir de 1940, el tema no podía ser tratado abiertamente debido a las circunstancias sociales y políticas impuestas por el régimen franquista, y ulteriormente no pareció interesar lo suficiente a historiadores, periodistas o pensadores de otras disciplinas como para llevar a cabo una investigación seria y divulgativa hasta la publicación de la obra de Roig.

            El proyecto de Roig, muy enmarcado en el contexto catalán y utilizando el formato de libro-documental, seguía la línea crítica de otros proyectos cuyo objetivo era condenar el Holocausto y dar testimonio de la existencia de los campos de concentración. A dicho proyecto cabe sumar otra obra-documental de menor envergadura, Los cerdos del comandante (1978). Se trata de un libro conjunto del historiador Eduard Pons Prades (Barcelona 1920-2007) y el ex-deportado en Mauthausen, Mariano Constante Campo (Capdesaso, Huesca 1920), en el que se recoge el testimonio de un grupo de españoles supervivientes del nazismo, incluido Enric Marco (su testimonio ocupa unas 4 páginas, frente a las casi 400 de la totalidad del volumen). En los años 80, Montserrat Roig reclamó abiertamente una continuación de su obra por parte de otros periodistas e intelectuales. Su petición se vio realizada en 2002 con Memòria de l’infern (Memoria del infierno) del periodista David Bassa y el fotógrafo Jordi Ribó, en la que se reúne una veintena de testimonios de catalanes supervivientes de los campos de concentración y en la que nuevamente aparece Enric Marco.

 

Los “empresarios de la memoria”

            La propuesta roigiana engullía las proposiciones anteriores a ella, de las cuales parte todo su proyecto, actuando como “empresaria de la memoria” desde el parámetro del “conflicto,” en términos kalyvasianos. Roig menciona que su inquietud se despertó tras descubrir en 1972 la obra de Pere Vives Cartes des dels camps de concentració. Con anterioridad había leído Le grand voyage de Jorge Semprún, que, según ella misma declara, sintió lejano y ajeno a su cultura puesto que lo enmarcó en el contexto francés, hecho que lo alejaba de su propósito nacionalista.[15] Sin embargo tras la obra de Vives leyó la novela de Joaquim Amat-Piniella, K. L. Reich, la cual causó un fuerte impacto en la periodista, provocando el despertar de un tema que hasta el momento no había sentido ni siquiera como propio y al que contribuyó de manera definitiva el apoyo moral e intelectual del historiador Josep Benet (Cervera, Lleida 1920-Sant Cugat del Vallès, Barcelona 2008).[16]

            Paralelamente a su proyecto se legalizó en España la “Amical de Mauthausen,” cuyo nombre completo es “Amical de Mauthausen y otros campos y de todas las víctimas del nazismo de España”, dando cabida de este modo no sólo a los deportados en dicho campo, sino también a todos aquellos deportados en otros campos junto con sus viudas, hijos, hijas y otros familiares. Su fundación data de 1978, aunque ya desde 1962 existía de manera clandestina, contando en su historia fundacional además con dos intentos frustrados de legalización, en los años 1963 y 1967. Su razón de ser, como “empresario de la memoria”, partía igualmente del “conflicto”, de manera que en sus objetivos básicos quedaron incluidos la organización de ponencias y charlas para dar a conocer lo que fue la deportación de los prisioneros del ejército alemán, además de hablar sobre la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial--sobre todo en escuelas e institutos, es decir, principalmente para niños y adolescentes, generaciones jóvenes. Entre sus tareas divulgativas se propusieron además la creación de un boletín informativo trimestral y la edición de obras vinculadas con los campos de concentración y el Holocausto.17[17] En el mes de octubre del año 2000 se inició la publicación trimestral con el Nº 0, y sigue vigente hasta el día de hoy.

            Así, pues, tanto Montserrat Roig con Els catalans als camps nazis como la legalización de la asociación la “Amical de Mauthausen” y sus constantes contribuciones informativas suponen una apertura en el recuerdo del Holocausto y de la experiencia concentracionaria en el marco de la España democrática. En ambos casos se apela al “conflicto” como única vía posible para enfrentarse a un pasado conflictivo. De las cuatro maneras de recuerdo que propone Kalyvas, ésta es la única que da voz a aquellos que quedan acallados por los otros tres “regímenes de memoria.” En los casi 40 años de franquismo, la memoria colectiva se manejó desde el “silencio” hasta la “exclusión” pasando, cautelosamente, por la “inclusión.” No obstante nunca desde el “conflicto,” que es desde donde parte Roig, no sólo como proyecto intelectual, social y cultural sino como modelo a seguir para cualquier tipo de recuerdo del pasado.

            La historia de España en las décadas de los años 40, 50, 60 y 70 fue escrita por los vencedores, en cuyas listas no hubo por supuesto ningún deportado. Igualmente durante la dictadura no interesó dar a conocer las historias de los deportados españoles en campos de concentración nazis. De manera que las dos primeras formas de recuerdo, “exclusión” y “silencio,” fueron las más practicadas durante el franquismo, a las que cabe sumar una tercera, la “inclusión” puesto que en algunos casos, como sucede con las cartas de Pere Vives y la novela de Joaquim Amat-Piniella, se permitió cierto grado de información, aunque evidentemente de un modo muy aséptico, tratando de blanquear las zonas más grises de la historia de los deportados, y considerando además, sobre todo en el caso de Amat-Piniella, que se trata de una novela, de una obra de ficción. Cabe destacar también que ambas obras se publicaron en los años posteriores al Plan de Estabilización firmado por el gobierno de Franco con los Estados Unidos en 1959. Su publicación con toda certeza hubiese sido impensable con anterioridad a dicha fecha.

Los deportados españoles fueron silenciados y excluidos de la historia oficial y tuvieron que esperar la democratización del país para encontrar su espacio y hacerse oír, sufriendo una especie de segundo holocausto.[18] Aún así, incluso durante la Transición, el tema del Holocausto iba unido en la memoria colectiva a la comunidad judía alemana e internacional, sin tener cabida en ese contingente otros grupos que también integraron las listas de los presos, como, por ejemplo, los alemanes comunistas, socialdemócratas y socialcristianos; los soviéticos; los polacos; la comunidad gitana y los republicanos españoles. Sería necesario esperar hasta la consolidación de la democracia para poder abordar temas conflictivos como éste y ser capaces de analizarlos desde la óptica del desafío de la historia dominante. De ahí que el valor de obras como la de Montserrat Roig y la labor de asociaciones como la “Amical de Mauthausen” sean tan necesarias en la recuperación de la memoria colectiva, y que la vía del “conflicto” para la recuperación del pasado sea la única manera posible de enfrentarse a él. Pero ¿qué sucede cuando ese “conflicto” es llevado a cabo desde la mentira y el falso testimonio?

 

Enric Marco: el falso testimonio

            El 10 de mayo de 2005 el “caso Marco” estalló como una bomba mediática y en pocas horas se convirtió en el tema de conversación de muchas tertulias, periodísticas y también cotidianas, desencadenando una lista interminable de reacciones. Muchos no daban crédito y otros entendían y simpatizaban con la situación. Otros muchos no sabían qué  pensar y tampoco qué decidir: ¿actitud correcta y comprensible o más bien falsa e imperdonable? Enric Marco (Barcelona 1921), presidente de la “Amical de Mauthausen” desde 2003, declaraba, tras ser descubierta su mentira por el historiador Benito Bermejo, no haber estado nunca en el campo de trabajo alemán de Flossenbürg; de hecho, confesaba no haber estado nunca en un campo de concentración nazi.

            No se trata del primer caso de fraude histórico alrededor del Holocausto; recuérdese el “caso Wilkomirski” con la publicación en 1995 del libro Bruchstücke. Aus einer Kindjeit 1939-1948 (su traducción española apareció en 1997 como Fragmentos de una infancia en tiempos de guerra). Binjamin Wilkomirski, un judío letón que a la edad de tres o cuatro años fue internado primero en Auschwitz y posteriormente en Majdanek, según la narración de sus “fragmentos de infancia,” era en realidad el nombre falso de Bruno Grosjean, un músico suizo que había cursado estudios de historia y que era conocedor detallado de la historiografía relativa a los campos nazis.[19] La historia de este músico/historiador malogrado coincide con dos historias muy parecidas en el contexto del territorio español. En el año 2004, Benito Bermejo y Sandra Checa (dos historiadores especialistas en el estudio de los republicanos españoles deportados a los campos de exterminio nazis) hallaron ciertas incongruencias en el relato de un supuesto testimonio de Mauthausen. En su artículo “La construcción de una impostura” revelaron toda la verdad sobre Antonio Pastor Martínez, quien aparece bajo las siglas APM para mantener su anonimato. Según declaran los mismos historiadores:

Se ha preferido no mencionar el nombre de la persona aludida. Escapa a nuestra competencia cualquier consideración sobre las intenciones de esta persona. Desearíamos que a lo que fue la explotación de un personaje no le sucediera el escarnio público del mismo por parte, incluso, de aquellos que se han servido de sus relatos. La familia de esta persona ha sido contactada con el fin de que hagan lo posible para que cesen las actuaciones que aquí se describen. (Bermejo 66-67)

En un comunicado dirigido el 20 de mayo de 2005 al Centro de Investigaciones sobre los Republicanos Españoles en los Campos Nazis, y coincidiendo con la muerte del Sr. Pastor, Bermejo y Checa dejaban constancia de que las siglas de su artículo se correspondían con las de Antonio Pastor Martínez y querían denunciar el fraude, sin emitir ningún tipo de juicio moral, a la actuación de su protagonista, del perjuicio que este tipo de situaciones provocaba, a la vez que alertar sobre la importancia del servicio a la verdad histórica. Concluían recomendando a los medios de comunicación y a las instituciones mayor responsabilidad en la verificación de datos.

            En menos de un año, sale a la luz otro caso de impostura, el “caso Marco” que sigue los mismos parámetros que el anterior. Es posible conjeturar que tanto Pastor como Marco fueron conocedores del “caso Wilkomirski” y que ambos se nutrieron literariamente de esta fuente para la “construcción de sus imposturas”. Resultan coincidencias curiosas el hecho de que Pastor se hizo pasar por músico, oficio real de Wilkomirski-Dössekker, y Marco cursó estudios de historia, exactamente igual que el impostor suizo. Desgraciadamente, es probable que en los años por venir todavía aparezcan algunos casos más, puesto que parece ser que “mentir para hacer el bien” ¾como declaró el mismo Marco¾ legitima sus acciones.

Al igual que Pilar Rahola (Barcelona 1958) y citándola textualmente: “no comparto la máxima de Stalin, ni tan sólo en su modificación democrática, [de que] ‘el buen fin justifica los medios’. Y como no la comparto, no encuentro, ni en el saco de las buenas intenciones, las justificaciones mínimas que permitan salvar el fraude de Enric Marco” (El País, 14 mayo 2005).[20] Sin embargo me pregunto por qué, tras ya conocerse casos anteriores de estafa que son descubiertos, alguien decide inventarse una biografía que, además, afecta a millones de personas desde la tristeza y el dolor. ¿Por qué Enric Marco necesitó inventarse su pasado? ¿Para qué? ¿Vergüenza? ¿O más bien necesidad de reconocimiento?

Marco fue una de las caras más emblemáticas del Holocausto en España y Europa, y una de las voces más insistentes en la denuncia y la divulgación de la existencia de los campos de concentración nazis. A pesar de que su entrada en el entorno de la “Amical” no se produjo hasta el año 2000, ya desde 1978 ¾coincidiendo con la obra de Roig, su colaboración en la obra de Pons Prades y Constante Campo y la legalización de la “Amical”¾ y durante casi 30 años, fue alimentando un falso testimonio sobre la experiencia de la deportación, narrando de manera conmovedora las vejaciones y los maltratos a los que eran sometidos los deportados a manos de los nazis durante su reclusión concentracionaria.[21] Asimismo, su vinculación con el Holocausto le permite, como miembro de la Asociación de Padres y Madres de Alumnos de Cataluña, dar conferencias y entrevistas sobre los crímenes nazis (daba unas 120 charlas anuales), la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial, y le posibilita que en 2001 la Generalitat de Catalunya le condecore con la “Creu de Sant Jordi” por toda su labor en la lucha antifranquista y sindicalista, y que en 2005 (meses antes del descubrimiento de todo su montaje y de su destitución como presidente de la “Amical”) fuera recibido por el Congreso Nacional de España para narrar su experiencia ante los congresistas y las cámaras de televisión.[22]

                              Como deportado a Flossenbürg nº 6448, se acercó a la “Amical de Mauthausen” en un momento en que ya quedaban pocos supervivientes. Nunca lo había hecho con anterioridad, por ejemplo mientras Montserrat Roig vivía.[23] En pocos meses ya aparece en la junta de la asociación como secretario y tras la muerte de Joan Escuer en 2003, se convierte en presidente de la “Amical”. Desde su acercamiento en el año 2000 son reiteradas sus apariciones narrativas en el boletín informativo de la asociación ,y a pesar del recelo que manifestaron algunos de los deportados cuando apareció, nadie comprobó sus credenciales ni la veracidad de su historia.[24] Este hecho pudiera parecer irregular e incluso insólito. No obstante, también indica claramente el propósito de los miembros de la “Amical” de no hurgar gratuitamente en el pasado traumático de sus miembros, mostrando en todo momento respeto en cuanto a lo que cada uno de ellos quisiera contar de su historia personal.

De la biografía real de Enric Marco se deduce que presenta una constante mitomanía. Se trata de una especie de buscador de reconocimiento que en este caso además, como historiador frustrado, hace su propia historia y deviene, en palabras de Vargas Llosa, “un fabulador excepcional, un eximio histrión […] que vivió e hizo vivir a cientos de miles de personas la terrible ficción que se inventó” (El País, 15 mayo 2005). Posiblemente desde una vida bastante simple, quiso heroizar su biografía de manera que se abasteció de toda la información necesaria para crear y recrear su propia historia. Para ello y desde el “régimen de memoria del conflicto”, se convirtió en víctima del franquismo, primero, y del nazismo, después, para desafiar la historia dominante y divulgar abiertamente unos hechos reales nunca vividos en primera persona. Tras la derrota republicana, no pasó a Francia para unirse a la Resistencia donde fue detenido por la policía nazi e ingresado en Flossenbürg, sino que a finales de 1941 partió hacia Alemania como integrante voluntario de una expedición de trabajadores españoles. Según su narración de los hechos, fue detenido y entregado en Marsella (Francia) a la Gestapo, en 1941 y trasladado a Flossenbürg, de donde sería liberado el 22 de abril de 1945. Sin embargo, en 1943, estaba en España, reclamado para cumplir el servicio militar, y Marsella no era zona ocupada de Francia, en 1941, tal y como afirmó Benito Bermejo; por otra parte, en ese periodo los republicanos españoles se entregaban a los alemanes.[25]

            Así pues, si, como indicaba anteriormente, el “conflicto” es la única vía posible para enfrentarse a un pasado conflictivo y poder avanzar positivamente, sucesos como éste alteran y perturban no sólo la veracidad de los hechos, sino también su recuperación como pasado conflictivo desde el que construir un futuro. De este modo que el “caso Marco” no ha hecho más que contribuir considerablemente a las teorías negacionistas del Holocausto puesto que su punto de vista como testigo partía de la búsqueda de la verdad histórica desde el pronombre personal singular de primera persona, en un ejercicio propio de la escritura de una obra autobiográfica en la que la autobiografía puede tener diferentes funciones, como “la autoexplicación, el autodescubrimiento, la autoclarificación, la autoafirmación, la autorrepresentación o la autojustificación (Weintraub 19). Su gran capacidad como actor y sus grandes dotes creativo-literarias, juntamente con afirmaciones como “no mentí, simplemente deformé la realidad”, se alzan como algo más que un fraude a la memoria histórica internacional para fomentar la idea que el Holocausto pueda ser nombrado “Holonegocio,” “Holofraude,” “Holoestafa,” “Holocuento” y que se interprete esa “deformación de la realidad” como una actitud común en todos los testigos del Holocausto, que es lo que defienden las teorías negacionistas.[26]

            El negacionismo del Holocausto, revisionismo en términos de sus defensores, se fundamenta en una serie de tesis que cuestionan o niegan el genocidio contra el pueblo judío y contra todos aquellos que sufrieron la experiencia concentracionaria nazi. Las teorías de los negacionistas se centran básicamente en negar el asesinato masivo cometido y la existencia de los campos de concentración y las cámaras de gas, o en eximir a Hitler de cualquier responsabilidad al respecto, sin negar la totalidad del Holocausto.[27] En ambas posiciones, defienden una larga nómina de afirmaciones para la ratificación de sus argumentos, de las cuales dos de ellas son de especial interés: las principales pruebas del genocidio se centran en testimonios y no en pruebas materiales para la demostración del asesinato masivo, y los supervivientes no suponen un testimonio fehaciente, puesto que sus explicaciones son inconsistentes y poco fiables. Ante esta situación, el testimonio de Enric Marco únicamente sirve para revalidar estas dos afirmaciones y fortalecer las tesis negacionistas, según las cuales “el genocidio practicado por la Alemania nazi contra los judíos y los gitanos no existió, sino que es producto del mito, de la fabulación, del fraude” (Vidal-Naquet 106). De manera que la contribución de Marco como “régimen de memoria” no sólo se desautoriza, sino que permite que el régimen de mayor calado en el recuerdo de un pasado conflictivo sea el de la “exclusión” que es el único que da voz exclusiva a los vencedores.

            Si bien la recuperación de ese pasado conflictivo se iniciaba de manera muy positiva en la España democrática gracias a obras como la de Joaquim Amat-Piniella o la de Montserrat Roig, y también las cartas de Pere Vives y la legalización de asociaciones como la “Amical de Mauthausen,” recién estrenado el siglo XXI esa buena valoración se degradaba con situaciones como el “caso Marco”.[28] Tanto Enric Marco como Antonio Pastor crearon un “testimonio en negativo”, tal y como denomina Benito Bermejo a estos casos o una “mentira explicativa”, como la nombró Josep Maria Espinàs, en vez de sumarse desde la no vivencia en primera persona de los hechos pero desde la solidaridad con el sufrimiento ajeno.

            Germaine Tillion, antropóloga francesa deportada en Ravensbrück,  propuso que la impostura en el contexto del Holocausto surgió desde el principio de la liberación fomentada en gran medida por el elevado grado de locura que el universo nazi había originado, dando lugar a diferentes tipos de testimonios. Por un lado, aquellos que habiendo sufrido la vivencia en los campos, exageraron su experiencia e incluso en algunos casos exageraron hechos que se les habían narrado pero no habían vivido directamente en el interior del campo. Y por otro lado, los falsos testimonios de parte de aquellos que ella tacha de enfermos mentales¾ que explotaron una deportación ilusoria. Bajo este marco mitómano, se haya o no se haya experimentado de primera mano, existe una intención que va más allá de toda lógica, mientras el valor de la lucha adopta una dimensión existencial, tergiversando el valor del deber de memoria y el uso de ésta. Si, como apunta Hável, la memoria es necesaria para la continuidad histórica y en consecuencia para el mantenimiento de una identidad, qué tipo de proyección futura se desarrolla desde el falso testimonio. Pierre Nora, en “Between Memory and History: Les Lieux de Mémoire” postula que el deber de memoria se corresponde con el deber de justicia, puesto que la búsqueda de justicia es el objetivo fundamental de la práctica de recordar. “El caso Marco” arremete contra el precepto noriano en el sentido de que su deber de memoria, más que apelar a un deber de justicia, busca un engrandecimiento y una heroización de su propia persona, hecho que no contribuye a la formación colectiva de un sistema de valores, sino que fomenta la individualización y la tendencia a la mitomanía. La actitud y el comportamiento de Enric Marco no abogan por una recuperación del pasado, así que no importa el “régimen de memoria” desde el que se haga. La exclusión, el silencio, la inclusión o el conflicto no tiene cabida en este proceso mnemónico; lo verdaderamente cardinal es el triunfo personal.

            Es fácil aludir y aferrarse como postura defensora a lo positivo que sin duda este tipo de actuaciones puede conllevar. La labor divulgativa de Marco, sin duda, surtió unos efectos notables en una parte de la juventud y la audiencia general que pudo escucharlo, cumpliendo en alguna medida con la idea todoroviana de que el uso de la memoria conlleva un abuso útil en su función preventiva. De manera que bajo este postulado es posible excusar todos los falsos testimonios, ya que el abuso de la memoria se da con fines de prevención para un futuro, cargando a la mentira de una utilidad social a la que, por otro lado, es posible llegar sin recurrir a la impostura.

            La producción literaria, cinematográfica o cualquier expresión artística que pueda generar la falsedad y la impostura no puede calar en la sociedad y en la historia universal del mismo modo que lo pueda hacer la verdad. El falso testimonio no es una cuestión de veracidad o verosimilitud, como puede ocurrir con la autoficción; es una invención, una ficción que o se analiza desde esos parámetros o contamina. Obras como las de Pere Vives, Montserrat Roig o Joaquim Amat-Piniella suponen una interrogación artística del tema del Holocausto. Y demuestran que es posible abordar temas delicados desde la complejidad literaria y social sin traicionar los principios de veracidad y verosimilitud. Además, estas obras trazan el camino a seguir para la denuncia, la búsqueda de justicia y la posibilidad de construcción de algo sólido; se erigen como “empresarios de la memoria” que desde el “conflicto” abogan por la identidad y el reconocimiento.

 

Obras citadas

 

Amat-Piniella, Joaquim. K. L. Reich. Barcelona: Edicions 62, 2001.

Bassa, David. Memòria de l’infern. Barcelona: Edicions 62, 2002.

Bermejo, Benito y Sandra Checa. “La construcción de una impostura. Un falso testigo de la deportación de republicanos españoles a los campos nazis”. Migraciones y Exilios 5 (2005): 63-80.

Espinàs, Josep Maria. “Els mals i els bons mentiders”. El Periódico de Catalunya. 16 mayo 2005.

Gutman, Yisrael. Denying the Holocaust. Jerusalem: Graph-Press, 1985.

Havel, Václav. Entrevista. “Sin memoria histórica no hay identidad”. El País. 21 septiembre 2008.

Kalyvas, Stathis N. “Cuatro maneras de recordar un pasado conflictivo”. El País. 22 noviembre 2006.

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Notas

[1] Václav Havel instaura el régimen democrático de la República Checoslovaca tras encabezar la “revolución de terciopelo” (1989), que consigue el desmantelamiento pacífico de la dictadura comunista. Es elegido presidente en 1989 y posteriormente posibilita la separación, también pacífica, del país entre checos y eslovacos (1993), convirtiéndose en presidente de la República Checa hasta 2003. Su faceta política y artística, como dramaturgo y ensayista, se mezcla constantemente de manera que se convierte en un símbolo de la lucha por la libertad, al apoyar la “Primavera de Praga” (1968), como presidente del Club de Escritores Independientes, hecho que le cuesta la prohibición de la publicación de sus obras en su país. Sufre también el encarcelamiento durante cinco años por ser portavoz de los movimientos de defensa de los derechos humanos Carta-77 (declaración en la que se instaba al gobierno checoslovaco a proceder según los principios ratificados en la Declaración de la ONU sobre los Derechos Humanos) y VONS (Comité para la defensa de las personas injustamente perseguidas). La figura del individuo frente al poder corrupto perfila la temática de muchas de sus obras, y su producción dramática se sitúa en el teatro del absurdo como crítica al absurdo de la sociedad. Su última obra de teatro, Retirándose (2008), se estrenó en Praga y versa sobre la lucha del individuo contra el poder. Su libro de memorias, Sea breve por favor fue publicado en Barcelona por Galaxia Gutenberg (2008).

[2] El 27 de enero de 2005 se celebró el sexagésimo aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, el mayor de los campos de exterminio nazis, en el que perecieron más de un millón de personas (la mayoría judías) entre 1940 y 1945. Para conmemorar la entrada del ejército soviético en el campo y la liberación de unos 7.000 prisioneros, se reunieron en el lugar de los hechos unas 50 delegaciones oficiales representantes de países de todo el mundo, entre las que cabe destacar la presencia de los presidentes de Israel, Moshe Katsav; de Alemania, Horst Koehler; de Rusia, Vladimir Putin; de Ucrania; Víctor Yushchenko; de Francia, Jacques Chirac; de Polonia, Aleksander Kwasniewski; de Estados Unidos, el vicepresidente Dick Cheney; de la Unión Europea, el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, y el del Parlamento Europeo, Josep Borrell; también participaron el rey de Bélgica, Alberto II; la reina Beatriz de Holanda; el Gran Duque de Luxemburgo, Enrique; y representantes de las casas reales de Dinamarca, Noruega, Suecia y el Reino Unido. Se trató, pues, de un acto que tuvo una gran repercusión mediática en el ámbito internacional.

[3] José Luis Rodríguez Zapatero (Valladolid 1960) es presidente del Gobierno español (2004-2008, 2008-2012). Tras ganar las elecciones en marzo de 2004, el gobierno socialista aprobó una serie de medidas, entre las que cabe señalar el retiro de las tropas españolas de Iraq, la aprobación del matrimonio gay, la ley de igualdad entre hombres y mujeres, la promoción de la Alianza de Civilizaciones, una nueva regulación de inmigrantes, y el comienzo del proceso de paz con la banda terrorista ETA (Euskadi Ta Askatasuna). También durante la primera legislatura del partido socialista se aprobó la llamada “Ley para la Memoria Histórica,” es decir la Ley 52/2007, del 26 de diciembre, “por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura [franquista].” Para mayor información puede visitarse la página web del BOE (Boletín Oficial del Estado), en la que se detalla la Ley:

http://www.mpr.es/NR/rdonlyres/D03898BE-21B8-4CB8-BBD1-1450E6FD7AD/85567/boememoria.pdf

[4] El primer campo que liberaron las tropas aliadas, que por lo demás emerge como símbolo global de la liberación en todo tipo de conmemoraciones, fue el de Auschwitz (Polonia) el 27 de enero de 1945. Durante el mismo año le siguieron Buchenwald (Alemania) (11 de abril), Bergen-Belsen (Alemania) (15 de abril), Dachau (Alemania) (29 de abril), Ravensbrück (Alemania) (30 de abril) y Mauthausen (Austria) (5 de mayo).

[5] K. L. Reich significa “Konzentrations Lager Reich” (Campos de concentración del Reich), y era el sello que llevaban todos los materiales existentes en un campo de concentración.

[6] La primera edición en castellano de K. L. Reich apareció bajo el sello de Seix Barral, y la versión en catalán apareció en octubre del mismo año por “El Club dels Novel.listes” (“El Club de los Novelistas”) del Club Editor. Hubo una segunda edición en lengua catalana en 1968, tras haber recibido la novela el Premio Fastenrath (prestigioso premio literario creado por Alfonso XIII en 1909, que en 2003 quedó fusionado, junto con otros premios, en la Fundación Premios Real Academia Española). En 2001, la editorial catalana Edicions 62 decide presentar una nueva edición, recogiendo la versión íntegra de la novela, puesto que inicialmente contaba con una introducción que arremetía contra el franquismo y los fascismos, imposible de publicar bajo la dictadura. Ediciones El Aleph edita en 2002 una versión en castellano. Y finalmente, en 2005, aparecen dos ediciones más en catalán: Edicions 62 en su colección “Educació 62,” y la del Club Editor en su colección “Club Editor Jove”.

[7] Ambas dedicatorias aparecen en la novela como: “A Pere Vives i Clavé, assassinat pels nazis el dia 31 d’octubre de 1941, en memòria d’amistat fraterna” (“A Pere Vives i Clavé, asesinado por los nazis el día 31 de octubre de 1941, en memoria de amistad fraterna”); y “Al General Omar Bradley, Cap de les forces nord-americanes que m’alliberaren el dia 6 de maig de 1945, en testimoni de gratitud i d’admiració” (“Al General Omar Bradley, Jefe de las fuerzas norteamericanas que me liberaron el día 6 de mayo de 1945, en testimonio de gratitud y de admiración”).

[8] Todas las traducciones del catalán son mías.

[9] Algunas obras destacables de Semprún en las que se recrean experiencias en el campo de concentración son Aquel domingo (1980),  La escritura o la vida (1994), Viviré con su nombre, morirá con el mío (2001).

[10] Se trata de un periódico bilingüe catalán-español editado por el Partido Sindicalista que se inició en 1937 y que publicó regularmente hasta enero de 1939, momento en el que le sucedió el semanario Hora Sindicalista.

[11] A través de las Brigadas Internacionales, algunos combatientes republicanos tuvieron conocimiento directo de la existencia de los campos de concentración, sobre todo de Dachau, donde Hitler ya en 1933 inició sus ensayos de lo que serían los campos de concentración. Las experiencias que algunos soldados alemanes unidos a la causa republicana, que habían pasado por Dachau, recontaban a sus compañeros de lucha posibilitaron que algunos deportados españoles intuyeran lo que les esperaba cuando ingresaron en los diversos campos de concentración alemanes y austriacos, aunque en la gran mayoría de los casos nunca en la dimensión de lo que realmente fue.

[12] Clasificados por los distintos campos en los que estuvieron recluidos, Montserrat Roig proporciona los nombres de 41 hombres y mujeres, que participaron abiertamente (con nombres y apellido/s) o bajo siglas (por petición expresa de mantenerse en el anonimato) como testigos para la creación de esta obra.

[13] Al hablar de Països Catalans (Países Catalanes) (abreviado habitualmente como PPCC), cabe entender los territorios que en la actualidad coincidirían con la Comunidad Autónoma de Cataluña, la Comunidad Valenciana, las islas Baleares, el principado de Andorra, la denominada “Franja de Ponent” o Franja de Aragón, la región francesa del Rossellón, la Alta Cerdeña (integrada dentro del departamento francés de los Pirineos Orientales), la ciudad de Alguer (Cerdeña, Italia) y la comarca del Carche (Murcia).

[14] El proyecto de Roig empezó en 1974, todavía vivo Franco, aunque la primera edición de Els catalans als camps nazis data de 1977, momento en el que todavía no se había escrito la Constitución española (1978).

[15] Cabe recordar que la primera obra de Semprún fue escrita íntegramente en lengua francesa, al igual que la gran mayoría de su producción literaria. De hecho, su escritura en español se reduce a Autobiografía de Federico Sánchez (1977) y Veinte años y un día (2003).

[16] Josep Benet fue político, abogado, historiador, editor y escritor, muy ligado al nacionalismo catalán, a la lucha antifranquista y a la defensa de los principios democráticos. Desde 1979 se dedicó plenamente a la política, ejerciendo como senador por la coalición Per l’Entesa (Por el Entendimiento) en el Parlamento del Estado, diputado del Parlamento de Cataluña y miembro de varias comisiones que ayudaron al restablecimiento de la democracia, como la del Estatuto de Cataluña. En 1985 fue nombrado director del Centro de Historia Contemporánea de Cataluña. De su producción literaria se destacan algunos ensayos sobre historia política y social como Catalunya sota el règim franquista (Cataluña bajo el régimen franquista) (1973), L'intent franquista de genocidi cultural contra Catalunya (El intento franquista de genocidio cultural contra Cataluña) (1995), Escrits en defensa pròpia (Escritos en defensa propia) (2003), y el primer volumen de memorias, que publicó poco antes de fallecer, De l'esperança a la desfeta (1920-1939) (De la esperanza a la derrota (1920-1939)) (2008).

[17] En la lista de obras publicadas a través de la “Amical” se debe señalar el homenaje que le rindieron a Montserrat Roig con el libro titulado Montserrat Roig: la lluita contra l’oblit (Montserrat Roig: la lucha contra el olvido), además de una recopilación fotográfica sobre Mauthausen, titulada Mauthausen. Crònica gràfica d’un camp de concentració (Mauthausen. Crónica gráfica de un campo de concentración); y el libro-entrevista Ravensbrück, un espai de mort, un espai de record. Un viatge acompanyant Neus Català (Ravensbrück, un espacio de muerte, un espacio de recuerdo. Un viaje acompañando a Neus Català). Asimismo buscan ayudas económicas para la publicación de memorias inéditas de deportados.

[18] Me refiero a un segundo holocausto en los mismos términos en que lo han hecho algunos estudiosos y críticos de la guerra civil española, como el historiador británico Paul Preston, y los periodistas y documentalistas Montserrat Armengou y Ricard Belis. Preston distingue dos tipos de crímenes: los raciales y los políticos. Hitler quedaría enmarcado en la primera clasificación, al haber exterminado a judíos, gitanos y eslavos. Franco, sin embargo, formaría parte del segundo grupo, puesto que su proyecto fue el de exterminio del adversario político. Partiendo de esta idea de clasificar tipologías de crímenes y, al mismo tiempo, considerar ambas posiciones igualmente condenables, acusa al régimen franquista de cometer las mismas e incluso superiores atrocidades que los nazis y lo denomina “holocausto español” (Preston, Paul. “Franco, la venganza del justiciero.” Cursos de verano de la Universidad Complutense. San Lorenzo de El Escorial, Madrid. 1 julio 2004). Armengou y Belis subtitularon su documental Las fosas del silencio (2003) con el interrogante ¿Hay un holocausto español? como reclamo de la memoria histórica y también para dar a conocer la ejecución y desaparición de miles de demócratas entre 1936 y 1939, del mismo modo que sucedería posteriormente en los campos de concentración nazis. Sobre este documental se publicó posteriormente un libro con el mismo título.

[19] Bruno Grosjean fue adoptado por la familia Dössekker, de ahí que también aparezca como Bruno Dössekker. Para mayor información sobre el “caso Wilkomirski”, recomiendo la obra del historiador Stefan Maechler, The Wilkomirski Affair. A Study in Biographical Truth (Trad. John E. Woods. Nueva York: Schoken Books, 2001), surgida a raíz de la petición del agente literario de Wilkomirski quien comisionó a Maechler para que investigara el caso y presentara un informe, tras las acusaciones de fraude presentadas por el periodista suizo Daniel Ganzfried. Otros casos fraudulentos del Holocausto son el de Deli Strummer y Laura Grabowski. Sobre ellos sugiero la lectura del artículo de Libby Copeland, aparecido en el Washington Post el 24 de septiembre de 2000 bajo el título “Survivor. When Deli Strummer, symbol of the Holocaust, was caught stretching the truth, it raised a hard question: How much suffering is enough?” y el de Bob y Gretchen Passantino y Jon Trott, “Lauren Stratford: From Satanic Ritual Abuse to Jewish Holocaust Survivor,” Cornerstone Magazine Online. October 13, 1999; o Cornerstone, 28.117 (1999).12-16,18.

[20] Pilar Rahola es una periodista y política catalana. Fue miembro del partido independentista ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) hasta 1996, y única representante en el Congreso de los Diputados (1993-1996) por ese partido, además de vicealcaldesa de Barcelona y miembro de varias comisiones de investigación y comisiones parlamentarias. Es autora de varios libros, de los que destacan La qüestió catalana (La cuestión catalana) (1993), Mujer liberada, hombre cabreado (2000) o Carta a mi hijo adoptado (2001). Fue colaboradora habitual de distintos periódicos españoles como El País, y ahora lo es de La Vanguardia y también del argentino La Nación y del periódico electrónico Diario de América (Estados Unidos).

[21] Algunas de estas experiencias las contó en 1978 en Los cerdos del comandante y en 2002 en Memòria de l’infern. Ambas obras han generado bastante confusión. En el artículo de Vargas Llosa “Espantoso y genial” de El País (15 mayo 2005), el escritor peruano aseguraba que la gran mentira de Marco había empezado con su obra autobiográfica Los cerdos del comandante, que más tarde ampliaría y publicaría bajo el título Memoria del infierno (2002). Pocos días después (23 mayo), aparecía en el mismo periódico una “Puntualización” desde Palma de Mallorca de Pablo Azorín Williams, en la que indicaba que Los cerdos del comandante (Barcelona: Argos Vergara, 1978) es una obra conjunta del historiador Eduard Pons Prades y del señor Mariano Constante Campo. En otro artículo, “Historia individual de la infamia” (haciendo referencia a la borgiana “Historia universal de la infamia”, a la que ya se refirió Vargas Llosa en su artículo), aparecido en Letras libres en julio de 2005, Rodrigo Fresán ¾en la misma línea de Vargas Llosa¾aseguraba que la Memoria del infierno de Marco era una ampliación de una obra anterior, Los cerdos del comandante, afirmación que parece errónea, y a la que cabe sumar otras muchas que fueron apareciendo a lo largo de la primavera de 2005 tras el descubrimiento de la impostura.

[22] Enric Marco ejerció como vicepresidente de la Asociación de Padres y Madres de Alumnos de Cataluña durante dos décadas; en 1997 fue también Secretario General de la Federación Catalana de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y en 1978, Secretario General de la CNT.

[23] Enric Marco tomó el número de deportado 6.448 de otro español que se identifica bajo las siglas H. M. y que estuvo en Flossenbürg entre el 23 de febrero y el 3 de marzo de 1944, de donde fue transferido a uno de los campos exteriores, el de Hradischko. Según quedó constancia en el banco de datos de prisioneros de Flossenbürg, conservó este número hasta el final de la guerra, hecho que hace pensar que quizá sobreviviera. El hecho de que Marco tuviera un número “usado” de deportado tampoco era motivo de sospecha puesto que los números se transferían de un prisionero a otro. Es más, el 6.448, antes de pertenecer al español H. M. fue de un prisionero esloveno, L. V., que estuvo en tránsito en Flossenbürg entre el 8 y el 20 de octubre de 1943 para ser trasladado a Buchenwald. Los números de deportados se transferían de un prisionero a otro, en caso de muerte o traslado, e incluso algunos números se habían asignado a ocho o diez prisioneros.

[24] Recomiendo que se visite la página web de la “Amical” (http://www.amical-mauthausen.org) para poder leer dichas colaboraciones y comprobar el tono de las mismas y el tipo de expresiones sensacionalistas que utiliza el autor.  La primera de estas colaboraciones, en el Nº0, la firma con su nombre al que añade “Deportat a Flossenbürg nº 6448” (“Deportado a Flossenbürg nº 6448”). De especial relevancia es el poema “Nadal 1944” (”Navidad 1944”) que se publica en el Nº 13, donde aparece Joaquim Amat-Piniella.

[25] Véase el “Dossier: El caso Enric Marco” en www.exilioydeportacion.com

[26] La actriz María Galiana lo acusó de “gran actor” tras conocerse los hechos, dolida y conmovida seguramente por éstos ya que ella misma había presentado la obra Memoria del infierno.

[27] Los revisionistas del Holocausto surgen justo después de 1945 y, de acuerdo con las tesis de Yisrael Gutman en Denying the Holocaust, sus raíces se hallan en el lenguaje político y burocrático nazi que convierte el genocidio en “la solución final al problema judío” (véase el inventario que ofrece Gutman de la modificación léxica llevada a cabo por los nazis para “blanquear” sus acciones). El hecho de designarse como revisionistas les permite mayor credibilidad academicista, puesto que los entronca directamente con la tradición revisionista histórica de los Estados Unidos de los años 20 y 30 del pasado siglo. Sin embargo, esta denominación se altera cuando son denominados “negadores del Holocausto” por la historiadora estadounidense Deborah Lipstadt, para quien no estaban revisando la Historia, sino negando lo innegable. Para mayor información sobre el negacionismo del Holocausto, existe una bibliografía considerable que va desde la negación de la existencia de los campos de concentración y su tratamiento de mentira que proponen algunos de sus precursores como Paul Rassinier (Le passage de la ligne 1948) y David Hoggan (The Myth of the Six Million 1969), hasta la idea de preservar la figura de Hitler y su implicación en el Holocausto, como hace David Irving (Hitler’s War 1977). En el contexto español se suman a la lista de negacionistas nombres como los de Pedro Varela (librero antisemita propietario de la librería Europa, de Barcelona, conocido por editar y distribuir libros de contenido xenófobo, neonazi y de negación del Holocausto), Enrique Aynat (Los “Protocolos de Auschwitz. ¿Una fuente histórica? 1990, Estudios sobre el Holocausto 1994, El Holocausto a debate. Respuesta a César Vidal 1995) o Joaquín Bochaca (El mito de los seis millones: el fraude de los judíos asesinados por Hitler), todos ellos miembros del CEDADE (Círculo Español de Amigos de Europa), grupo neonazi creado en Barcelona en 1966.

[28] Evidentemente, el “caso Pastor” es el pionero en nuestro país. Sin embargo, no tuvo la trascendencia mediática ni la repercusión social del “caso Marco”, debido al hecho de que Enric Marco era una figura conocida y la imagen de la “Amical”.