Introducción

 

La guerra es uno de los temas de reflexión teórica más importante de los últimos cincuenta años. Las razones son, hasta cierto punto, bastante evidentes. Basta un simple repaso al siglo xix y a la primera mitad del siglo xx para concluir que las dos guerras mundiales y las expansiones colonialistas del siglo xix devuelven una imagen muy ambigua del proyecto ilustrado de la modernidad. Kant había definido, por ejemplo, este proyecto como un proceso simbólica y materialmente emancipador (What is Enlightenment?), y como un devenir pacificador dominado por un internacionalismo dialogado entre estados (Perpetual Peace). No hace falta coincidir plenamente con pensadores como Foucault o Agamben ni con su postulación del campo de concentración como el modelo en miniatura de un entramado mayor, el plan mismo de la modernidad, para concluir que la guerra (un tipo de guerra especialmente racionalizada en sus métodos y destructiva en sus posibilidades) ha sido una de las instituciones protagonistas de la historia occidental de los últimos dos siglos. Este asunto se vuelve, en el contexto peninsular, aún más intrincado porque, como bien explican alguno de los ensayos aquí presentados, desde las Guerras Carlistas a las Guerra Civil, pasando por las guerras coloniales, la violencia bélica ha sido un complejo armazón de ideales, discursos e imaginarios tanto modernos como pre-modernos. Este hecho, al que no sería ajeno en realidad ningún país europeo, tiene un mayor eco en España pues su modernidad ha sido vista como incompleta, marginal e incluso inexistente. El lector de este volumen encontrará reflexiones muy pertinentes sobre la difícil negociación de la violencia y sus usos legítimos en un contexto histórico de constantes fricciones entre fuerzas políticas reaccionario-casticistas y otras progresistas y modernizadoras.

Una segunda idea subyacente a estos artículos (no por conocida, menos importante) es la enorme productividad simbólica y memorialística de la guerra. Las guerras nunca terminan, no desde luego en el caso de España, cuando concluyen los enfrentamientos armados. Los siguientes textos demuestran que tras la guerra material surge otra lucha quizá más importante por conquistar la legitimidad y el control sobre las evocaciones y representaciones que, desde muy diversos medios, se ocupan de la violencia física. Esto hace del pasado bélico un espacio histórico muy inestable, atravesado por constantes reinscripciones y reformulaciones. Me gustaría destacar que los autores incluidos en este volumen prestan una detallada atención a lo que podríamos denominar la “política de la representación”, es decir, a los contextos ideológicos desde los que se rescribe una guerra pasada y a los intereses económicos, culturales o políticos a los que sirve dicha reinscripción. Desde esta perspectiva, ninguna guerra es una guerra del pasado ni para el pasado. Por el contrario, las guerras “en el pasado” sirven como complejos escenarios sociales en el que sociedades muy posteriores plasman sus propias ansiedades, miedos e ilusiones. De idéntica manera, también podemos concluir que, con la legitimación de cualquier violencia pretérita, con su evocación nostálgica o idealizada, también (aunque se debería decir, ante todo y en primer lugar) se respalda una determinada concepción del presente y del futuro, de sus aspiraciones y sus propias guerras.  

Es por este último motivo que esta colección tiene como título genérico, no el nombre de una guerra en particular, sino “la cultura de la guerras” en la España de los siglos xix y xx. Con este acercamiento subrayamos no tanto la contribución (siempre importante) de tal o cual texto, como la aportación colectiva del conjunto. Este punto de vista nos permite entender no sólo una serie de vasos comunicantes entre una guerra y las demás, sino también la constante superposición y reciclaje de sus representaciones. Leídos como una unidad de conjunto, estos ensayos muestran que ciertos argumentos políticos, estrategias historiográficas, iconos culturales e incluso algunos importantes planteamientos narrativos no aparecen ni surgen ab ovo, sino que se mutan y se reciclan de lance bélico en lance bélico. Con estas aportaciones se pretende arrojan luz precisamente sobre ese léxico común que ha ido reconfigurando las condiciones de posibilidad de cada nuevo acontecer de violencia colectiva en la península ibérica. Esta modalidad de lectura, que busca las continuidades y ecos entre los ensayos de este número de la revista, nos recuerda que toda guerra o, al menos, el imaginario social que la autoriza y posibilita, se produce sobre otros imaginarios anteriores, sobre su rearticulación y renovación. Cada conflicto bélico desempolva y actualiza con urgencia (y quizá con un aire de falsa novedad) una suerte de acervo colectivo de imágenes, términos y discursos en el que guerras pasadas se fraguaron. Desde este punto de vista, cada guerra peninsular de los últimos dos cientos años es distintas de las otras… y simultáneamente todas conforman una genealogía de dramáticos parentescos y trágicos parecidos. Dichos lazos y conexiones son el último horizonte de esta empresa intelectual.