“tiemblen trípol, argel, túnez, biserta, constantinopla, el cayro, tiemble el mundo”: un temprano precedente de la “guerra contra el terror” en lope de vega

 

Vicente Pérez de León

Oberlin College

 

A un dirigente poco experimentado se le entrega el gobierno del imperio más poderoso del planeta. A su vera tiene grupos de poder y antiguos mentores, alguno de los cuales había educado y ayudado al nuevo jerarca a adquirir su carisma como líder. Todos ellos parecen haber estado esperando pacientemente el momento de su compensación, una vez que su beneficiado alcance el poder. Dentro de este grupo de cortesanos destaca especialmente uno de ellos que, consciente de la poca experiencia del gobernante, había establecido una meditada estrategia para atraer su favor, al igual que anteriormente había hecho con su padre. Este personaje tenía intereses en diversos sectores de la economía del país, de entre los que destacaban especialmente los de la industria de la guerra; de hecho, era responsable de una organización que se dedicaba a la contratación, adiestramiento y equipamiento de soldados.

Todo apunta a que existe un plan para que, en los primeros meses del gobierno del jerarca, éste permanezca aislado de los acontecimientos de la alta política, y por el contrario se dedique a entretenerse y divertirse en pasatiempos a los que había sido aficionado previamente, de entre los que destaca la caza. Por su parte, el grupo de poder creado alrededor del gobernante ha estado organizando los preparativos de un evento cuyo sentido simbólico servirá para establecer las bases ideológicas y estratégicas necesarias para ayudar al mejor gobierno del imperio. Éste consiste en una serie de falsos ataques al país, dentro una política más amplia de una “guerra contra el terror musulmán.” Estos simulacros pueden ser fácilmente interpretados como una metonimia de las políticas imperiales de ordenamiento de una sociedad azotada por numerosas ruinas provocadas por un cambio climático inesperado, al que se han unido diversas decisiones económicas erráticas. Además, servirá para condicionar la opinión del inexperimentado gobernante, cuya voluntad se pretende totalmente vencida y orientada a los deseos de su hombre de confianza —y de su grupo de poder— para las siguientes dos décadas.

Esta estrategia política, desarrollada a finales del siglo dieciséis, es trágicamente familiar y común a diversos regímenes en la historia de la humanidad que buscan una perpetuación de su dominio a partir del establecimiento de un vínculo de temor para con sus súbditos. La popularidad de esta estratagema política se confirma en su marcada y contrastada efectividad en el ser humano, cuya voluntad queda condicionada por un control basado en la imposición de miedos paralizadores que ejercen una función somnífera en una sociedad que acaba, gracias a este efecto, siendo complaciente o neutra hacia los caprichos de autoritarios dirigentes. La materialización de este control se ha de llevar a cabo a partir de un hecho contundente, inmovilizador de voluntades, que vincule al individuo con un terror que le bloquee su capacidad de discernir y cuestionar la voluntad del poder establecido, del orden vigente; normalmente es una impactante tragedia doméstica, seguida de una guerra continuada, más efectiva si el peligro de invasión sobre el territorio propio es verosímil y está constantemente presente.

La primera de las tres visitas de Felipe III con su corte a Denia fue registrada en varios textos y mediante los géneros literarios de la poesía y de la prosa, destacando dos poemas épicos, uno de Lope de Vega y otro de Gaspar de Aguilar, un romance popular y varias narraciones en forma de relaciones de fiestas. La existencia de estos testimonios permite poder observar este acto político con una multipolaridad de detalles —a pesar de que el pensamiento único del encomio desmesurado sea el que impere en todos ellos, raramente, encontrados en cualquier otro acontecimiento del siglo dieciséis. Partiendo de un análisis histórico sobre el sentido de la visita para los diferentes participantes en el evento, consideraremos el valor histórico político de sus distintas fuentes, haciendo énfasis en la más extensa, el poema épico de Lope de Vega. Continuaremos con una reflexión sobre el sentido de los espectáculos que se llevaron a cabo para “contentar” al rey —concretamente el de varios de los simulacros representados— a partir de sus posibilidades metaficticias y dentro de los diferentes planos de implicación que se les ofrecieron a los espectadores-participantes. Se concluirá con un estudio sobre el papel de los espectáculos que se originaban en la corte, reflexionándose sobre la transformación del concepto de lo espectacular a finales del siglo dieciséis, especialmente a partir de la influencia de las relaciones encomiásticas y crónicas de los acontecimientos cortesanos, apreciando cómo estos géneros consiguieron alterar y conquistar los deseos de los lectores de consumir visualmente, o imaginar, a través de la lectura, representaciones y eventos cada vez más sofisticados, engañosos, metaficticios y poco verosímiles, pero no por ello menos atractivos y deseados de conocer y experimentar.

El rey Felipe III, junto a lo más florido de la corte madrileña, elige la ciudad de Valencia como lugar para recibir a la futura esposa del monarca, Margarita de Austria, en matrimonio. Con tal fin, se organiza un viaje a la capital levantina que incluye dos paradas en preeminentes ciudades de la zona; la primera es Xátiva, en la que apenas pasan una noche. La segunda es la plaza costera expuesta a los piratas del Norte de África de Denia;[1] la visita a esta última ciudad será repetida poco después en dos ocasiones más, y en una de ellas, el rey disfrutará de la estancia de un mes con su nueva esposa. Esta elección no es casual, ya que Denia era considerada en el siglo XVI una de las ciudades “llave del reino”, título que sólo tenían otras del nivel de Alicante o Peñíscola (Requena Amoraga 231). Además, era también el marquesado de Francisco de Sandoval, a la postre valido de Felipe III. En el momento de la visita del hijo de Felipe II a Denia, el monarca tenía veinte años y su valido —que, además de haber colaborado activamente en todos los aspectos de su “educación”, había sido hombre de confianza de su padre en sus últimos años y ahora lo era de él[2]— le doblaba largamente en edad. Así, de esta visita a la “casa” de su valido, se esperaba que la relación entre él y el rey se reforzara aún más, algo que se esforzaron en recordar sus diversos cronistas.

En Denia el rey cazó numerosas piezas, asistió a representaciones de comedias, observó espectáculos simulados de batallas navales y terrestres que incluían el asalto a la propia fortaleza de la ciudad, y fue partícipe de dos simulacros de ataques, cuya falsedad sólo se desveló después de tener, por momentos, aterrada a toda la desplazada corte y a la propia población dianense. El monarca fue alabado a su entrada a la ciudad con varios sonetos —en los que se enaltecía su amistad con Francisco de Sandoval— escritos en un arco y visibles para todos; Felipe subió a un barco y comió lo mismo que los marineros de la galera, pescó varios atunes “alaceándolos” y presenció un torneo en el que diferentes caballeros se extralimitaron en su deseo de mostrar sus habilidades ante él, ya que tuvieron que ser separados para evitar que se hirieran de gravedad entre sí.

Para Felipe III, esta visita suponía su simbólica confirmación como monarca, como se ve en la intención de los textos de algunos de los cronistas, que elevaron su deseo de apreciar las virtudes de su padre —y aún del propio Alejandro Magno— en él. A pesar de que su destreza en el manejo de las armas sólo se manifestó en el uso de la lanza y armas de fuego en sus ejercicios de pesca y caza, respectivamente, su hombría se reforzó sin embargo cuando en un momento dado de la celebración se le ofreció la propia ciudad personificada en la diosa Diana.

Como se pudo comprobar en la primera visita a la ciudad levantisca, prácticamente detrás de cada acto en el que participó el rey existía un interés en expresar o recordarle —vía los eventos que se organizaron, vía los testimonios sobre ellos— las diferentes realidades con las que el monarca se habría de enfrentar en su gobierno del imperio. Tanto halago, regalo y encomio se combinará con esta especie de dictado de sus obligaciones como emperador, en forma de triunfal repaso histórico de los compromisos adquiridos por su padre, especialmente en referencia a las permanentes luchas contra los “infieles”, que se asumirán heredadas naturalmente por el nuevo monarca.

El ofrecimiento literal de Denia a Felipe es uno de los hechos más fascinantes del poema de Lope de Vega a las “Fiestas de Denia”. La política de género utilizada alrededor de la figura de la diosa cazadora en relación con la ciudad está cuidadosamente elaborada en las crónicas y poemas, como se podrá apreciar. Denia proviene de una apócope del genitivo plural de Diana, que significaba originalmente “de los de Diana”, nombre proveniente de la posible existencia de un antiguo templo en honor a la diosa romana. En las crónicas se utilizará el consabido rol del personaje mitológico como mujer esquiva y cazadora para feminizar la ciudad en el momento en el que precisamente Felipe III estaba a punto de casarse. Sin embargo, la entrega de la “afeminada y brava” localidad del valido Lerma a su rey no era desinteresada, atendiendo a las expectativas del primero, tanto a corto como a largo plazo.[3] El regalo de Denia se puede incluso entender muy literalmente, si atendemos a uno de los más reconocidos comentaristas de la época, Cabrera de Córdoba, que expresó su sospecha de que el valido añoraba el intercambio de esta plaza por dos ciudades castellanas con mucho más prestigio en la época, como eran las vallisoletanas Tordesillas y Arévalo, para así ayudar a su casa nobiliaria a recuperar el lustre perdido por culpa de una elección equivocada de sus antepasados:

[…] con esta ocasión se ha dicho que S.M. incorporará a Denia y aquel puerto en la Corona Real, y que dará al Marqués en recompensa, a Arévalo o a Tordesillas, con título de duque, porque de esto se trató en tiempo del Rey difunto, y según S. M. desea hacer merced al Marqués, quizá se facilitará agora más. (7-8) [4]

La manipulación simbólica de la femenina localización se puede apreciar también en otras partes del poema, especialmente en las diferentes metáforas en las que se otorga la diosa de las cazadoras al “cazador más avisado,”  simbólica entrega de la mujer huidiza al implacable monarca, queriendo aparentemente reforzar su “hombría” para alentarle a continuar una política agresiva de caza, tanto de atunes y herbívoros, como de infieles a las repúblicas católicas en los territorios en donde el luteranismo se estaba extendiendo, sin olvidar a los omnipresentes musulmanes que, aunque con sus fuerzas navales debilitadas después de su derrota en Lepanto, y sin aparente posibilidad de reorganización, todavía constituían un gran peligro al seguir dominando las costas del sur del Mediterráneo con su flota de piratas (a pesar de que los corsarios españoles competirían contra ellos en similares razzias contra poblaciones desprotegidas del norte de África).[5]

La elevación del monarca como rey de cazadores y único dueño de la diosa-ciudad se aprecia en varios momentos de las relaciones que se conservan que, comparados en los textos más significativos sobre el acontecimiento de la visita, son testimonio perfecto del tono y sentido del ofrecimiento. En la puerta del alcázar del castillo dianense estaba el arco triunfal, y a cada lado se leían cuatro octavas. En la última de ellas se le da voz a la diosa cazadora en forma de fémina, que reconocida como posesión del valido se le ofrece al rey. ¿Qué mayor muestra de viril amistad que la de que un hombre (Lerma) comparta una femenina ciudad con su mejor amigo (Felipe)? Esta acción quedó perpetuada en la citada octava del arco triunfal, reproducida por Felipe de Gauna en su crónica:

 

Diana soy aunque me llaman todos

Denia por la voluntad del tiempo vario,

De huna reliquia de los fuertes Godos

Fuy Señor el archivo y reliquiario.

I aunque pretendo por tan varios modos

Ganar este blasón en mármol pario,

No te espante el honor que me atribuyo

Que tuya soy, pues soy de quien hes tuyo. (91)[6]

 

El mismo cronista reflejará también el contenido de otra de las cuatro octavas que estaban en la entrada en la puerta del alcázar del castillo, en las que se sugiere el fuerte vínculo de vasallaje del valido.[7]

Pero no cabe duda de que, de las opiniones sobre el evento, la del poema a las fiestas de Denia de Lope de Vega es la que refleja, de una manera más evidente, los deseos de parte de la nobleza de proyectar la figura belicista de Felipe II en su hijo, sugiriendo abiertamente a Felipe III que continúe en su particular cruzada contra el mundo musulmán, como se aprecia en su octava ochenta y seis:

 

Tiemblen Trípol, Argel, Túnez, Biferta,

Constantinopla, el Cairo, tiemble el Mundo,

De ver que el Mar pisáis, y que en su Puerta

Ponéis la planta con valor profundo:

Desde ahora, Señor, os queda abierta

A vos, Tercero del mayor Segundo,

Que no ha de aver con vos dehoy más Alies,

Nimoratos, Chaferes, ni Mamíes.

 

Esta proyección de la política imperial de Felipe II en su hijo se refleja también en un poema sobre su visita a Valencia del poeta Gaspar de Aguilar. En su octava dieciséis destaca la ampliación del sometimiento imperial a “naciones infinitas”, que incluyen temibles caníbales:

 

Essos pies que naciones infinitas

sujetaran y estrellas, Africanos

Tartaros, Chinos, Moros, Turcos, Citas,

Persas, Ingleses, Hungaros, Halanos,

Arabes, Garamantas, Trogloditas,

Cicoples, Patagones, y Araucanos,

que siendo humanos comen carne de hombre

beso infinitas vezes en su nombre …[8]

 

Esta particular “guerra contra el terror anticatólico”, que tantos frutos políticos había dado a Felipe II, tanto en política exterior (expansión de la corona) como en interior (cohesión social ante el miedo de ser atacados), es resultado del impulso político de los “halcones” del imperio, que luchaban por abrirse camino contra los que apostaban por una “Pax Hispánica”. Ésta se alcanzaría breve e irremediablemente años después, forzada por la ruina estatal provocada a raíz de las grandes deudas bélicas, resultado de numerosas y erráticas decisiones económicas durante el reinado de Felipe III, que habían sido precedidas por políticas similares llevadas a cabo en el gobierno de su padre.

El enaltecimiento de Felipe III se lleva a cabo especialmente en los poemas de Lope de Vega[9] y de Gaspar de Aguilar, destacando los del primero, en los que se refleja más claramente el deseo de los cortesanos de que asumiera el liderato del imperio de un modo lo más parecido a su padre y a su abuelo, como se refleja en sus octavas ochenta y uno, y ochenta y cinco.[10] Por otro lado, existen tres octavas, la setenta, la ochenta y siete, y la ciento once, en las que se enfatiza un detalle que pudiera pasar desapercibido, si no fuera por el interés personal del valido de Felipe III en demostrar, cómo se aprecia en varias ocasiones del poema épico de Lope, cómo funcionaba un grupo de defensa bien organizado. No se puede asegurar, a ciencia cierta, si se alaba a los jinetes de la costa de Denia para demostrar que el rey estaba en las buenas manos del valido para la protección y expansión del imperio, o si existe el simple interés de destacar la valía de este grupo de jinetes como económica alternativa de defensa organizada; pero de lo que no cabe duda es que la organización militar concebida por el duque de Lerma es significativamente mencionada y dentro del espíritu encomiástico en las citadas octavas.[11]

Para entender el significado del evento de la visita de Felipe III a Denia, a partir de sus fuentes hay que tener en cuenta que el concepto de autoría era más laso en el siglo dieciséis que en siglos posteriores. De cualquier forma, no deja de llamar la atención la existencia de la posibilidad de que un autor como Lope de Vega no tuviera ni siquiera que haber estado activamente ejerciendo su oficio de cronista cortesano in situ, basándonos en el hecho de que la información que manejó para crear el poema épico a las Fiestas de Denia se encuentra casi literalmente en el texto de Gaspar de Aguilar.[12] En este sentido, dentro de la propia elaboración del texto de Lope llaman la atención los aspectos destacados y manipulados por el poeta a la hora de promover el propósito político de su edición del poema. El análisis de un mismo episodio, el de la representación de los simulacros de batallas y ataques, desde los puntos de vista de diferentes autores, nos servirá para poder apreciar los diferentes detalles ideológicos aportados por cada uno, aunque también para comprobar que el “pensamiento único” estaba muy presente en los documentos oficiales de la modernidad hispánica.

Dentro de la narración de los simulacros representados ante el rey, Felipe de Gauna es el cronista que dejó registrado un relato más completo de lo acontecido en los ataques. Durante las escaramuzas del simulacro de la toma del castillo por parte de los cristianos se menciona en su crónica que hubo “gran regosixo y fiesta” en esta “victoria tan bien representada tan a lo natural y exerci[ci]o de guerra” (94). Este ambiente y tono violento es similar al apuntado anteriormente sobre el torneo que se llevaría posteriormente a cabo en el castillo, asegurándose que los participantes andaban “muy encendidos en la batalla como si se huviessen de vencer los unos a los otros, y viendo esto los padrinos tubieron por bien de ponerse de por medio y departirlos de tan gran combate” (103). Otro de los espectáculos que se incluyen en las fiestas fue, según este mismo cronista, la representación de una comedia del autor Villalva (104). Pero mientras esto ocurría,

En esta misma noche, estando Su Majestad y Altessa con todas sus damas y caballeros hoyendo otra comedia y representación gustossa, entro por la sala del castillo, donde se representava, hun valerosso capitan de la guardia de la mar con cierto avisso diciendo que el capitan Modrata Araiz estava sobre la isla de Ivissa con muchas galeotas de moros bien espalmadas y a punto de guerra, que hazian mucho señal dello las torres que estavan cerca de la hisla [...] y dando credito a lo que se havia relatado por el sobredicho capitan tocaron arebato todas las campanas de la villa de Denia, alborotosse todo el lugar y castillo disparando mucha artelleria, salieron luego fuera a la horilla del mar la scinco compañias de a cavallo de la guardia de la costa de la mar con sus capitades (sic) puestos a punto de regonoser la costa del mar, pusieronse en armas todos los soldados de la villa, hordenando los capitanes sus compañias y banderas para haver de salir donde les fuesse mandado, passose toda la noche con este ruydo y alboroto de arebato falso, que parecio a mas de quatro cortesanos que lo fuera por estar seguros en sus tierras de tratar con moros de la mar, asta que al dia claro se descubrio la burla de tal arebato con mucha rissa de los que lo tenian por burla y sabidores dello. (105)

Finalmente, Gauna relata cómo se lleva a cabo un segundo simulacro, extremadamente realista también, que fue la emboscada que sufrieron los cortesanos a su salida de la ciudad:

antes de salir del termino de Denia se emboscaron cien hombres todos vestidos como a turcos, muy a lo natural, con sus armas turquescas de arcos, ballestas y escopetas, y passando Su Majestad y Altessa acompañados de sus damas y caballeros por hun llano a vista de la marina salieron de la emboscada la sobredicha compañía turquesca con el capitan dellos y con grande alarido acometieron el asalto a las carrozas de Su Majestad y Altessa y de las damas, a cuya defensa acudieron las cinco compañias de soldados de a cavallo de la costa de la mar con sus capitanes, bien apuestos con sus lansas y adargas picando los caballos con buen horden hazia los turcos, y llegados a ellos conocieron la burla y espanto que les havian dado, todo hordenado por el patron y Marques de la misma tierra, que cierto fue regosixada fiesta como fue la noche del rebato de la mar y este fue por la tierra, porque alguno dellos sospecharon que irían hazer jornada aquel dia y se verian todos en Argel tierra de moros. [...] Después del qual alboroto y asalto turquesco, de lo qual estava sabidor Su Majestad y Altessa por el sobredicho autor que lo havia hordenado. (103-05)

De los otros testimonios en prosa existentes sobre los eventos de Denia destaca el de Confalionero en su Relacion breue de la entrada que su Majestad a hecho en el Reyno de Valencia, y en la Ciudad de Denia, y de las fiestas y recibimiento que se le han hecho ansi en Denia como en Valencia y el juramento que hizo en la Seo de Valencia de los fueros de aquel Reyno, y el orden que se ha tenido en todo. En su crónica se describen sólo algunos de los acontecimientos destacados también por Gauna, que incluyen la batalla naval, la toma del castillo y el torneo.[13] Este autor destaca también el placer que sintió el rey ante la representación de la toma del castillo en los ejercicios de artillería;[14] otro de los hechos que se destacan en este texto es el torneo de caballeros que se llevó a cabo delante del rey, enfatizándose finalmente la excelencia de las fiestas.[15] Por último, otro de los hechos destacados en esta crónica es el paseo del rey en una galeota, dejando de hacer alusión alguna al resto de simulacros posteriores citados por Gauna y Lope de Vega.[16]

En cuanto al resto de crónicas en prosa, existen varias en las que se señalan detalles sobre los simulacros de Denia, y que han sido recopiladas por Alenda. En una de ellas, numerada por el bibliógrafo con el número cuatrocientos once, se alude sobre todo a la toma del fuerte de la ciudad.[17] Por otro lado, en la relación número cuatrocientos catorce, fechada en Sevilla y escrita por Fernando de Lara se resumen las diversiones en lo acontecido durante el combate naval y el torneo.[18] Por su parte, en la relación cuatrocientos diez, publicada en 1599, se destaca en primer lugar el tiempo atmosférico: “Desde que su majestad comenzo esta jornada a sido el tiempo tan apacible, que todo el camino se a passado en gusto”, además del hecho de que el rey y la infanta fueron

recibidos con grandes salvas, luminarias, fuegos de artificio y otras demostraciones. [...] siendo las principales un torneo de caballeros valencianos, simulacros navales y campales entre moros y cristianos, comedias representadas por Villalba, así en presencia de los Reyes como en público en la plaza del castillo, bailes, etc. (120)

Gaspar de Aguilar es uno de los dos poetas, junto a Lope de Vega, que reflejaron extensamente, aunque con un tono similarmente encomiástico, lo ocurrido en Denia. En su obra Fiestas nupciales que la ciudad y reyno de Valencia han hecho en el felicísimo casamiento del Rey don Phelipe nuestro señor III deste nombre, con doña Margarita de Austria Reyna y señora nuestra, publicada en Valencia en 1599, dedica varias octavas del canto primero —de la veinticuatro a la setenta y uno— a la visita de Felipe III y la corte a Denia. De su octava treinta y dos destaca el placer que parece que sentía el rey por lo que él denomina “fiestas militares”, especialmente después de presenciar el simulacro de batalla naval.[19] Posteriormente, refleja en su octava treinta y cuatro la “democratización” de la diversión de las fiestas:

 

Fue la fiesta mayor y el mayor gozo

que tuvo en Alemaña Federico,

pues con igual contento y alborozo

pudieron gozar della el grande, el chico:

el couarde, el valiente, el viejo, el moco,

el noble, el labrador, el pobre, el rico,

tanto que fue vun traslado entoces Denia

del arca santa que paro en Armenia.

 

De hecho, este autor se afana también en hacer énfasis en las octavas treinta y cinco, y treinta y nueve del placer y afecto que supuestamente sintió el pueblo de Denia ante la presencia regia.[20] El cronista continúa narrando el otro simulacro de batalla entre supuestos turcos y cristianos en la toma del fuerte de Denia (41) y (44) (46) y (47).[21] El resto de las octavas de Gaspar de Aguilar se dedican al torneo que se llevó a cabo ante el rey, en el que se describen pendones y escudos, y se encomian a varios de los participantes (69-70). La razón por la que se interrumpe su narración de los hechos es porque el mecenas del autor abandonó la ciudad poco después de la justa, como se aprecia en sus dos octavas finales sobre las celebraciones de Denia.[22]

Lope de Vega es el autor que dedica la obra más extensa a la visita de Felipe III a Denia. Destaca su alusión a los simulacros, específicamente al falso ataque y derrota moruna, que desarrolla en sus octavas cien a ciento doce. El autor aporta numerosos detalles, como el número de participantes y la actitud de los actores en el fingido combate: “Trescientos hombres con igual vestido, / El color era rojo, y Turco el traje, / Preciados de imitar hasta el lenguaje” (Canto 1, octava 100). Las octavas ciento cinco y ciento seis son más concretas en cuanto a la dinámica naturaleza del evento:[23]

 

Entran, y salen Mangas, llegan, tiran;

Ganan, pierden, están, mudan, espantan;

Ya los el Fuerte salen, y retiran,

Matan, defienden, corren, adelantan:

La parte flaca los Cristianos miran,

Toneles traen, y Cañones plantan,

Juega la Artillería, el furor crece,

Responde el Mar, y el Campo se enriquece.

 

Y finge aquel Soldado, que está muerto,

Y al son del Arcabuz la tierra mide,

Ya le llevan aquellos, ya despierto

Hace que cobra aliento, y Armas pide:

Ya cautivan aquel, ya el Fuerte abierto

A su pesar un hora en él reside,

Ya corriendo se escapa, y de su gente

Recibe el parabien alegremente.[24]

 

Por su parte, las octavas sesenta y uno a setenta y cuatro tratan de un falso ataque de moros a la costa. Más adelante, en la sesenta y siete y sesenta y ocho se señala el aviso de un capitán de la posible invasión mientras estaban todos en plena audición de una comedia, apuntado por Felipe de Gauna:

 

Era fama por Denia, que Morato

Estaba imaginando en sus derrotas,

(Que ser ladrón del Mar tiene por trato)

En Ibiza con doce Galeotas;

Y aunque las falsas Armas, y el rebato

Son para despertar espadas botas,

Esta fue burla, y fiesta, y fue tan buena,

Que alguno vio de Argel Muro, y cadena.

 

Un capitán entró con el aviso,

Estando en la Comedia, y a las Playas

Pide, que marche gente de improviso,

Porque han hecho señal las Atalayas:

Tembló de aquesta voz algún Narciso,

Que ay espadas medrosas como sayas,

Esparcióse la gente al alboroto,

Como con tempestad Ganado en Soto.

 

Posteriormente, se producirá un alboroto que se describe con detalle (69-71),[25] reflejado también en la crónica de Gauna. Finalmente, el ataque más sorprendente es otra emboscada de falsos moros, citada también por Gauna, que se lleva a cabo a la salida de la ciudad (75-79).[26]

Indudablemente, como se ha ido apreciando en numerosos episodios históricos, tanto de la antigüedad, como de la modernidad, e incluso en la época contemporánea, la construcción del vínculo del terror a partir de simulacros, ha sido, fue y sigue siendo un efectivo método para el control de las masas. No cabe duda, tampoco, de que la validez de este vínculo es extensible al máximo representante del aparato social jerarquizado —el rey— cuya voluntad es igual de manipulable que la de cualquiera de sus súbditos. Se podría concluir que toda la estrategia llevada a cabo en la visita a Denia estaba dirigida hacia la creación de un ambiente de desprotección general, después del que se darían muestras de una fehaciente “seguridad militarizada”. Es muy posible que el monarca, espectador impresionado al igual que el resto de cortesanos y del pueblo dianense por los simulacros y falsos ataques, estaría más a la voluntad del valido que había mandado organizar la milicia de actores-militares para las verosímiles representaciones después de su estancia en Denia. A pesar de todo, las “fiestas militares” de la visita a Denia son fenómenos de compleja interpretación, para los que la ayuda de teorías específicas sobre el sentido de los simulacros, fenómeno que ha sido objeto de diferentes reflexiones en nuestros tiempos, es necesaria. Entendidos como espectáculos, los representados durante las fiestas se puede encuadrar dentro de la propuesta de T. W. Adorno acerca de la relación entre el objeto y el sujeto de la representación artística, y de su ancestral relación con lo mágico.[27] El desequilibrio entre el objeto y el sujeto de la representación es patente en los simulacros de Denia, ya que el objeto se acaba convirtiendo, en dos momentos de los descritos —el ataque durante la obra teatral y la emboscada— en el sujeto, dentro de una alteración artificial del orden natural de las cosas que provocaría un elevado sentimiento de confusión en los espectadores-participantes en el evento.

Por otro lado, las ideas de uno de los críticos contemporáneos que más ha profundizado en los diferentes niveles de percepción de la realidad y de las fronteras entre arte y simulacro nos servirán para complementar nuestra reflexión sobre los simulacros de Denia. Jean Baudrillard ha establecido las diferentes fases de la imagen, de las cuales la segunda se adapta a la descripción de los simulacros dianenses; según este crítico, es de apariencia maligna y pertenece al orden de la hechicería;[28] según este autor, esta imagen sirve para enmascarar y desnaturalizar una realidad profunda (6), destacando también los peligros de no encontrar la diferencia entre lo real y lo simulado (122-23), sin dejar de enfatizar el aspecto dramático de la simulación:

Transgression and violence are less serious because they only contest the distribution of the real. Simulation is infinitely more dangerous because it always leaves open to supposition that, above and beyond its object, law and order themselves might be nothing but simulation. (20)[29]

En las representaciones de Denia se aprecia además el discurso combinado de deseo y preocupación al que apunta Baudrillard (22), como un recurso utilizado por el poder social para someter a sus individuos. En el plano espectacular existe, por parte del público, una demanda de signos de poder en sus diferentes planos —en este caso, tanto el del espectador de la corte desplazada como el de la ciudad atacada— que son los que se ofrecen en los simulacros de Denia.[30] Finalmente, lo representado en Denia tiene el mismo tratamiento de significantes que podemos encontrar en un fenómeno espectacular como es el cine contemporáneo.[31]

Por último, sería injusto no reconocer al verdadero creador de los eventos y organizador de los mismos. El valenciano Juan Vives responde al perfil de un artista de la totalidad espectacular, pero también el de un temprano manipulador de masas, que bien podría haber inspirado a personajes de ficción de la jaez de los cervantinos Chirinos, Chanfalla y Rabelín en su función común de adormecer, sorprender e inmovilizar la capacidad de la audiencia de cuestionar lo evidente en busca de un control sobre ella.[32] Francisco de Sandoval posiblemente contratara a Juan Vives para crear un espectáculo, cuyo efecto en el espectador no está muy alejado del que se obtiene de ejercer la hechicería, mediante la cual es posible alterar el orden del universo a voluntad, aunque sea momentáneamente en el punto álgido de las representaciones; de lo que no cabe duda esde que se esperaba que el efecto de éstas perdurará con fuerza en la mente de la audiencia. De hecho, se puede afirmar que se cumplen todas las condiciones para el engaño mágico en la visita a Denia, que según Giordano Bruno son tres:

(1) an active power in the agent; (2) a passive power or disposition in a subject or patient, which is an aptitude in it not to resist or to render the action impossible (which reduces to one phrase, namely, the potency of matter); and (3) an appropriate application, which is subject to the circumstances of time, place and other conditions. (132)[33]

Los espectáculos representados en Denia nos sirven para reflexionar sobre un planteamiento estético e ideológico mucho más amplio, tal como el hecho de que hasta qué extremo este tipo de representaciones afectó el orden natural de los espectáculos dramáticos de la época. Se podría inferir que esta sofisticada novedad pudo haber sido explotada e imitada en diferentes representaciones que contribuirían a aumentar la demanda por parte del receptor de sorprendentes y sorpresivos relatos, entre verosímiles y reales, que servirían para adoctrinar cada vez más a una audiencia que demandaría, sin duda, un tipo de experiencia cada vez  más similar a las promovidas por la alta nobleza. Si bien la participación en directo a los acontecimientos era más minoritaria que su recepción a través de las crónicas escritas, se aprecia que éstas últimas, como género literario, tienden a reflejar paulatinamente sorprendentes relatos que no excluyen actos violentos y en los que el riesgo y la emoción están siempre presentes. No cabe duda que estas diversiones cortesanas contribuyeron a crear un cambio estético que ha sido atribuido a la sociedad urbana[34] y que, en su labor de provocar admiración en lectores y audiencia, anticipa inquietantemente un tipo de espectáculos de manipulación de masas omnipresente, como se ha podido apreciar, desde la más incipiente modernidad.

 

Obras citadas

 

Adorno, T. W. Aesthetic Theory. London and New York: Routledge, 1986.

Aguilar, Gaspar. Fiestas nupciales que la ciudad y reyno de Valencia han hecho en el felicísimo casamiento del Rey don Phelipe nuestro señor III. deste nombre, con doña Margarita de Austria Reyna y señora nuestra. Valencia: Pedro Patricio Mey, 1599. Cieza: El Ayre de la Almena, 1975.

Alenda y Mira, Jenaro. Relaciones de solemnidades y fiestas públicas de España. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1903.

Baudrillard, Jean. Simulacra and Simulation. Ann Arbor: U Michigan P, 1994.

Bruno, Giordano. Ingegno, Cause, Principle and Unity. Essays on Magic. Cambridge: Cambridge UP, 1998.

Cabrera de Córdoba, Luis. Relaciones de las cosas sucedidas en la corte de España desde 1599 hasta 1614. Valladolid: Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 1997.

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Notas

 

[1] Según Requena Amoraga, hacia 1575, y en preparación para los posibles ataques norteafricanos a Denia y sus habitantes, se habían armado convenientemente: “[...] la entonces villa había ido progresivamente perdiendo población, sumando en aquellos momentos entre la villa murada y el arrabal unas 350 casas de vecinos. La villa se hallaba cercada por una muralla vieja jalonada de trecho en trecho por varias torres y se encontraba a mayor altura que el arrabal, y coronando aquélla se hallaba el castillo, del cual comentaba el virrey que era obra de muros macizos pero que en su estado actual no podría resistir un ataque con baterías. [...] La ciudad contaba con una milicia de 600 hombres armados, los cuales formaban una compañía que tenía al justicia como capitán. Aparte de éstos Denia podía disponer de los socorros procedentes de Jávea, Gata, Pedreguer, Pamis, Senet, Sagra, Ondara y otras poblaciones más o menos cercanas. Para estos socorros y para la milicia de la ciudad disponía ésta de 35 quintales de pólvora, 100 mosquetes de reserva, 5 quintales de balas y 16 quintales de cuerda” (232-35).

[2] En un acto de la corte, en vida del emperador Felipe II de 1585, cuando Felipe III tenía por esa época cinco años, el futuro monarca participó en un sarao en el que “D. Francisco de Rojas y de Sandoval, marqués de Denia [bailó] con Doña Francisca de Proxida y de Cabanilles [...] prolongándose el baile hasta más de las siete, en que el Rey y sus hijos se retiraron” (Carreres 166).

[3] Para evitar los indeseables comentarios de los envidiosos sobre la idealizada amistad —muy alejada del real abuso que supondrá el espectacular enriquecimiento de Lerma— entre el monarca y el valido, el cronista Gaspar de Aguilar se expresa así en un soneto de su poema a las fiestas de Denia: “Este pues tu querido fiel Acates / contra los golpes de la imbidia escudo / mostrando de su pecho los quilates / de vana pompa, y de ambicion desnudo, / Apesar del invierno y sus combates / en Denia quiso festejarte, y pudo / (como si movedor del tiempo fuera) / el invierno trocar en primavera…” (Canto 1, octava 27).

[4] El error político de la familia de Lerma se remonta al siglo quince: “Diego Gómez and his household (was) at the center of power in the kingdom of Castile, and he participated in the fight for power during the turbulent reign of John II (1406-54) [...]. Having chosen the wrong side, Diego Gómez was declared a traitor and lost all his Castilian territories, titles, and offices [...]. In compensation for land lost in Castile Diego Gómez received new, although much reduced, holdings in the territories belonging to the Aragonese crown, including the towns of Borja, Magallón, Balaguer, and Denia” (Feros 33).

[5] Como se puede apreciar, la piratería no era un hecho únicamente atribuible a los berberiscos: “La vida de esta escuadra resultaría bastante efímera, pues iniciadas sus operaciones el 13 de agosto de 1618 encontraría su final el 27 de enero de 1620 [...] cuando los ecos de la guerra oficial se acallaban [...] las escuadras de galeras combatían la inactividad mediante la lucha contra los corsarios y las misiones de patrulla a lo largo de la costa enemiga. ¿Patrullar? Mejor sería decir piratear” (Requena Amoraga 287-90).

[6] En el poema de Gaspar de Aguilar se muestra, por su parte, un recurso similar de transformación de la ciudad en mujer, en este caso en Clara Eugenia, la hermana de su mecenas: “—Llegaste a Denia con tu bella hermana,/ que truxo en su dichosa compañía / del cielo la hermosura soberana, / de Castilla el valor, la luz del día. / Y aunque de denia se ausento Diana / por evitar del tiempo la porfía, / es fama que esta vez se volvió a Denia / disfraçada en tu hermana Clara Eugenia” (Canto 1, octava 27).

[7] “Y al Rey que en este tiempo a tener viene / De toda España el mando y el gobierno, / El Sandoval que en su servicio tiene / Le procura servir con pecho tierno. / Qual quiera dellos con su rey se aviene / Y así se hecha de ver que el cielo tierno / Por humilde vasallo y por cireado / A cada rey hun Sandoval le ha dado”  (91).

[8] Este tono corresponde con el que se aprecia en las relaciones de fiestas a la moda de la época: “[…] las críticas se dirigen, en gran número de ocasiones, contra los vicios mundanos de los herejes luteranos” (Izquierdo 220).

[9] En la octava número ocho se aprecia cómo incluso el tiempo atmosférico acompaña el curso de las celebraciones a la entrada del monarca en la ciudad: “Sale Felipo Augusto (gran Señora) / De Vergel ya después de medio día / Con la que fue del Sol de España Aurora, / Y las hermosas Damas que traía: / Pintase el Campo, el aire se enamora, / Que ya la nueva Primavera envía, / Cantan las Aves esparciendo amores, / Que es bien que del Vergel salgan las flores”.

[10] “O gran Filipo! Ó Librio, Probo, Augusto, / Gran César, Frangipanio, y Perleonio / En tiernos años, varonil, robusto, / De los futuros hechos testimonio! / Espada, que en Príncipe tan justo, / Las Sectas inducidas del demonio / Ha de segar, y como Alcides luego / A los cortados cuellos poner fuego. // […] // Por aquí pasó Carlos, vuestro Abuelo, /Túnez le vió, y el agua en otras partes, / Y de vuestro gran Padre, que honra el Cielo, / Mil veces las Banderas, y Estandartes: / Yo vi temblar el Mar, y el Turco suelo / De los Austrinos Españoles Martes, / Y el poder Otomano, orgullo, y brio / Humillado a los pies de vuestro Tío”.

[11] “Estuvieron en arma los Soldados, / Y alerta toda Centinela, y Posta, / Discurriendo los márgenes salados / Los ligeros jinetes de la Costa. / Yo conozco dos pechos lastimados, / Que llevan esperanzas por la posta, / Que armados de su acero, y de sus llamas, / Fueron al Fuerte a defender sus Damas. // […] // De hoy más las Costas han de estar seguras, / Como amparadas de reliquias santas, / Ya guardó esta agua entre estas peñas duras / Porque tocó vuestras Reales plantas: / Cuenten Versos, Historias, Escrituras / De vuestro Abuelo, y Padre hazañas tantas, / Que, a lo menos, de vos decirles puedo, / Que con venir de fiesta, disteis miedo.// […] // Saltan en ellas, y del Mar la vía / Siguiendo, juzga su temor angosta, / Disparándole va la Infantería / A la margen corriendo por la posta: / Hasta el agua, con furia, y osadía, / Se meten los jinetes de la Costa, / Que como si del Mar fueran Caballos, / Nadando presumieron alcanzarlos” (el subrayado es mío). Felipe de Gauna también da testimonio de la presencia de estos jinetes: “salieron entonses los caballos de la costa del mar arregonoser la defensa y sitio y la gente que havia dentro de la fortaleza” (94). Para la creación de este cuerpo militar, el marqués de Denia había escrito a Felipe II una carta en la que se avisaba de los peligros de la costa valenciana: “[...] en el Reyno de Valencia se vive con grande peligro si no se arma y pone en orden de guerra y disciplina militar por ser marítimo con tantos puertos, calas y ensenadas con tan pocas leguas de travesía de Argel, y tantos poblados de moriscos a la lengua del agua toda gente muy suelta y para más travajo que los cristianos viejos con los ánimos más irritados de lo que se puede creer tanto que alguna vez se ha terminado su levantamiento sin ocasión de armada ni enemigos por el orgullo con que differentes vezes lo han significado.” (Requena Amoraga 66) Además, Felipe III, por enfermedad de su padre (Requena Amoraga 67), había firmado la pragmática para la creación de los jinetes de la Costa: “El 10 de noviembre de 1596 [...] Don Francisco de Sandoval y Rojas informaba a Felipe II y al Consejo de Aragón de su intención de alistar a 10.000 hombres cristianos viejos, repartidos en compañías de a 100, para que se ejercitasen en el manejo de las armas y en la disciplina militar en los mismos pueblos donde residían. [...] Dichas fuerzas, que serían conocidas con el nombre de milicia efectiva del Reino, no ocasionarían ningún desembolso económico al patrimonio real ni a las arcas del Reino a no ser que fuesen movilizados sus efectivos en caso de ataque exterior, y de este modo se garantizaría la seguridad del reino de Valencia a cambio tan sólo de conceder a oficiales y soldados ciertas prerrogativas” (Requena Amoraga 64). Esta guarda de costas tenía un modus operandi similar al llevado a cabo durante los espectáculos de los simulacros de Denia, dictados también por el Marqués de Denia, que además planeó la estrategia de defensa de la ciudad de Valencia: “Que en teniendo nueva de enemigos, o tocándose arma general en el Reyno, se toque la campana mayor muy apriessa con un martillo para que oyga más, y que si fuere de noche se enciendan fuegos por las calles y plazas y ventanas, y por las murallas para descubrir la campaña, y que solamente esten abiertas las puertas que no se pudiesen escuasar para recoger la gente de la campaña” (Requena Amoraga 68). Para más información sobre las motivaciones del valido en la visita del rey, ver “Razones de estado y razones personales” en las Fiestas de Denia de Lope de Vega.

[12] Para más información sobre este tema, ver  “Simulacros de la historia, historia de unos simulacros: construcción, entretenimientos y fuentes de las Fiestas de Denia de Lope de Vega”.

[13] “Su Majestad entro en Denia donde hauia ya guarnicion de soldados de las montañas, y de la misma ciudad casi al pie de dos mil Infantes, y de compañía hizieron gran escaramuza, y vinieron muy bien aderezados, vestidos de amarillo y colorado: y assi mismo vinieron quatro compañias de gente de acauallo de la costa de Valencia, con sus Capitanes y vanderas, muy bien aderezados y los cauallos aderezados y los cauallos aderezados a la gineta, de las mismas colores amarillo y colorado, que son las insignias de Valencia, a cada vno de los quales dio la Ciudad de Valencia treynta ducados para ayuda el gasto de vestirse, y estos todos assistieron siempre a su Majestad, a causa de hauer imbiado toda la gente de su guarda, desde Xatiua a Valencia, y aquella noche en Denia, en la Villa y Castillos, y aun en los Vaxeles vuo muchas luminarias, y otro dia vinieron de Alicante por la mar cincuenta Barcas, pagadas por aquella Ciudad, todas llenas de gente bien aderezada, vestidos en trage de Turcos: y en Denia auia otras tantas armadas de Cristianos, y vn Castillo que auian hecho muy grande, sobre barcas en la canal del arenal, y pelearon brauissimamente los Turcos con los Cristianos, sobre tomarles y ganarles el Castillo, y quando ya estauan para tomarle y ganarle, salio el socorro de los Cristianos por mar, y escaramuzaron con los Turcos” (1).

[14] “[...] muy bien y lo mismo hizo el Castillo de Denia, donde hauia mucha y muy buena artilleria hasta que rindieron los Turcos, que fue vna fiesta muy apacible, y de que su Majestad quedo  contentisimo.” (1)

[15] “El Sabado en la noche salio el Conde de Chelua por mantenedor, y luego seys cuadrillas de la flor de los Caballeros de Valencia, con muchas libreas, motes, cifras, y divisas a jugar vn muy concertado y vistoso Torneo, y lo hizieron maravillosamente, y vuo muchos precios de joyas que señalo su Majestad, y fue vna de las mejores fiestas que se podia hazer, a dicha de todos los señores que alli se hallaron” (1).

[16] “Otro dia entro su Magestad en la mar, en vna Galeota bien armada que alli estaua, y della entro en vna Naue Aragonesa que estaua en el puerto, y siendo dentro la reconocio toda, y hizo muchas mercedes al Capitan, y passeo por todos aquellos lugares maritimos hasta Xabea, y hizo que pescasen, y se vino de alli contentísimo” (2).

[17] Una representación o simulacro militar en que los cristianos combaten una fortaleza defendida por soldados turcos, llegando a apoderarse de ella y clavar en lo alto sus banderas, viéndose precisados los enemigos a huir al mar con sus galeras (120).

[18] “Redujéronse éstas a un simulacro de combate naval y a un torneo de que se hace muy ligera descripción, si bien no dejan de apuntarse los nombres de varios caballeros que ostentaron en aquella ocasión su destreza y la gallardía de sus personas” (121).

[19] “Toda su diestra valerosa gente / vino de seda carmesí vestida, / y después que mostro con pecho ardiente / la importante ocasión de su venida, / Iusto en medio del mar, y juntamente / una guerra naual hizo fingida / en la presencia venerable Augusta / del que de fiestas militares gusta”.

[20] “No fueron tales fiestas ni tan bellas / las que por cautiuar gente contraria / hizo Dario eclipsando las estrellas / con su resplandeciente luminaria, / Ni las de Augusto Cesar, que para ellas / llamo gentes de Grecia, de Tartaria. / de Egipto, de Noruega, y de Pamphilia, / ni las del pio Eneas en Sicilia. / […] / Después que con tan grande pompa y fuerte / te paseaste por la playa un poco / a vista de tu pueblo, que de verte / casi de muy contento estaua loco. / Quisieron luego combatir el fuerte / que apercebido estaua: y fino inuoco / al fiero Dios de la venganca horrible, /referir el combate es imposible”.

[21]  “Del mar salieron vnos Turcos luego, / y del se apoderaron de tal fuerte, / que con soberbias machinas de fuego / puso vn campo formado cerco al fuerte, / El Sargento mayor que Vlisses Griego / se ha de llamar en procurar la muerte / del enemigo con astucia y maña, / ordeno el escuadron en la campaña. / […] / Quien al fingido turco amenazaua, / quien huyr de sus manos pretendia, / y en la porfia el vencedor ganaua / la gloria quel vencido no perdia. / Y si alguno por dicha tropeçaua / en el miedo fingido que tenia, / recebia con el pecho hidalgo y fuerte / honrra deueras, y burlando muere. / […] / Y fue cosa importante que regida / de aquel ingenio milagroso y raro / esparciesse la poluora encendida / cercos de fuego por el ayre claro: / Temio luego la gente combatida, / viendo que su defensa y su reparo / estaua en mano de la fuerte varia, /que aun burlado acostumbra fer contraria / Por ello al son belligero de Marte / le dieron el assalto todos juntos, / que parecieron en cualquiera parte / del muerto Paladin biuos trasuntos, / A poner en el fuerte su estandarte / subieron por montañas de difuntos, / que por hauerse hallado en los assaltos / de vida al parecer quedaron faltos”.

[22] “Al fin todos entraron de tal / que alegraron la gente con su entrada, / y el que era menos diestro y menos fuerte / rompio las picas, y emboto la espada. / Todos eran ministros de la muerte / con la espada en el ayre levantada, / pues cualquiera de todos en la folla / hiere, destroça, tulle, rompe, abolla. / Con estos golpes temerarios fieros, / las fiestas se acabaron de esta Villa, / dando a los naturales y estrangeros / contento y gozo, espanto, y marauilla, / Traspusieronse luego los luceros / de Aragón, de Lisboa, y de Castilla, / y tu tambien señor hiciste ausencia / por llegar a los muros de Valencia”.

[23] Chabas en su Historia de Denia recuperó diversas fuentes que atestiguan sobre los pormenores en la preparación de los simulacros de batallas navales; incluyeron una orden para organizar los navíos que, desprotegiendo la costa alicantina, habían de acudir a Denia; también se señala cómo los marinos vestían “a la morisca”: “[…] ordenamos y mandamos que luego que esta recibais y junteis y apresteis todos los navíos y otros qualesquier bajeles que hubiere y estuvieren en toda la playa de la dicha ciudad de Alicante y con todos ellos vayais y os partais a la dicha villa de Denia donde estareis con dichos bajeles hasta la venida de S. Mag. A ella y guardareis las órdenes que os diere el marqués de Denia […] la ciudad envió a la villa de Denia en el mes de febrero deste año hallándome yo en ella cinco barcos armados en forma de galeotes con la chusma vestida a la morisca” (331n).

[24] Finalmente, la representación se convertirá en una exaltación del sentimiento nacional de los vencedores, como se apreciará en la octava ciento nueve: “Ya se acercan al Foso, y los de dentro / Conocen de su esfuerzo las ventajas, / El Cielo, el Aire, el Mar, la Tierra, el Centro / Tiembla al son de las Armas, y las Cajas: / Júntanse todos al postrero encuentro, / Tíranles piedras, plomo, flechas, rajas, / Llegan al Foso, y van por él arriba, / Diciendo a voces: Viva España, viva”.

[25] “Tocaron a rebato las Campanas, / A la mar disparó balas el Muro, / Ocupando terrados, y ventanas / El Vulgo, en los peligros mal seguro; / Y como está con luces soberanas / De los Cielos poblado el manto obscuro, / Así del Fuerte el Mirador se puebla / De Damas, que alumbraron la tiniebla. // Estuvieron en arma los Soldados, / Y alerta toda Centinela, y Posta, / Discurriendo los márgenes salados / Los ligeros jinetes de la Costa. / Yo conozco dos pechos lastimados, / Que llevan esperanzas por la posta, / Que armados de su acero, y de sus llamas, / Fueron al Fuerte a defender sus Damas. // Entraban Capitanes, y pedían / Al César orden, y él disimulando / Para lo que en tal caso hacer debían, / Iba las prevenciones ordenando; / Ya los corrillos de la Mar decían, / Que veían los fanales relumbrando, / Ya se halla un hombre, que a Madrid promete / Llevar Moros de Argel de siete en siete”.

[26] “En comiendo Filipo, de él se parte / A Oliva de los Duques de Gandía, / En quien el Cielo tanto bien reparte, / Virtud, Armas, Grandeza, y Cortesía. / Estaban puestos en oculta parte, / Por emboscada de la incierta vía, / Cien Moros con sus tocas, y bonetes, / Sin temer de la Costa los jinetes. // Con los espesos brezos, y malezas, / Como las Liebres entre verdes camas, / Apenas descubrían las cabezas / Por la espesura de las densas ramas: / Salen de las ocultas asperezas / A los Coches del Rey, Infanta, y Damas, / Y alzando el algazara a las Estrellas, / Quitaron el color de alguna de ellas. // Pero acudiendo de socorro luego / De la guardada Costa los Caballos, / Sin temor de los truenos, ni del fuego, / Con que los Moros piensan espantarlos, / Deshacen el tropel bárbaro, y ciego, / Asirlos procurando, y cautivarlos, / Y las blancas adargas embrazadas, / Juegan el fresno, y tientan las espadas. // Ya en carreras, ya en diestros caracoles / Furiosos al galope el Campo cruzan, / Y como vengativos Españoles, / Parece que entre sí los desmenuzan. / Párase el Sol a vista de mil Soles, / Mientras que diestramente escaramuzan, / Y el discurso también de algún sentido, / Antes que se entendiese que es fingido. // Ya que todos entienden que fue traza / Para alegrar la tarde, y el camino, / Dejan los Moros descubierta Plaza / Al César, acudiendo al Mar vecino: / El Escuadrón los sigue, y amenaza / Con las señales del Patrón Divino. /Porque por el honor de sus Banderas / Quisieran de las burlas hacer veras”.

[27] Según este crítico: “In art the subject, depending on how much autonomy it has, takes up varying positions vis-à-vis its objective other from which it is always different but never entirely separate. Art’s disavowal of magical practices—art’s owns antecedents—signifies that art shares rationality. Its ability to hold its own qua mimesis in the midst of rationality, even while using the means of that rationality, is a response to the evils and irrationality of the rational bureaucratic world” (70).

[28] De hecho, para Baudrillard, las relaciones entre sujeto y objeto en el mundo capitalista no responden necesariamente a una explicación racional: ”Capital, in fact, was never linked by a contract to the society that it dominates. It is a sorcery of social relations, it is a challenge to society, and it must be responded to as such. It is not a scandal to be denounced according to moral or economic rationality, but a challenge to take up according to symbolic law” (15).

[29] Curiosamente, la siguiente sugerencia de Baudrillard es muy similar a la que se lleva a cabo en el simulacro del ataque durante la representación de la comedia en Denia: “Organize a fake holdup. Verify that your weapons are harmless and take the most trustworthy hostage, so that no human life will be in danger (or one lapses into the criminal). Demand a ransom, and make it so that the operation creates as much commotion as possible—in short, remain close to the “truth,” in order to test the reaction of the aparaturs to a perfect simulacrum. You won´t be able to do it: the network of artificial signs will become inextricably mixed up with real elements (a policeman will really fire on sight; a client of the bank will faint and die of a heart attack; one will actually pay you the phony ransom), in short, you will immediately find yourself once again, without wishing it, in the real, one of whose functions is precisely to devour any attempt at simulation, to reduce everything to the real—that is, to the established order itself, well before institutions and justice come to play.

“It is necessary to see in this impossibility of isolating the process of simulation the weight of an order that cannot see and conceive of anything but the real, because it cannot function anywhere else. The simulation of a offense, if it is established as such, will either be punished less severely (because it has no “consequences”) or punished as an offense against the judicial system (for example if one sets in motion a police operation “for nothing”)—but never as simulation since it is precisely as such that no equivalence with the real is possible, and hence no repression either. The challenge of simulation is never admitted by power. How can the simulation of virtue be punished? However, as such it is as serious as the simulation of crime. Parody renders submission and transgression equivalent, and that is the most serious crime, because it cancels out the difference upon which the law is based. The established order can do nothing again it, because the law is a simulacrum of the second order, whereas simulation is of the third order, beyond true and false, beyond equivalences, beyond rational distinctions upon which the whole of the social and power depend. Thus, lacking the real, it is there that we must aim at order” (20).

[30] En este sentido, según Baudrillard: “Power itself has for a long time produced nothing but the signs of its resemblance. And at the same time, another figure of power comes into play: that of a collective demand for signs of power—a holy union that is reconstructed around its disappearance. The whole world adheres to it more or less in terror of the collapse of the political. And in the end the game of power becomes nothing but the critical obsession with power—obsession with its death, obsession with its survival, which increases as it disappears. When it has totally disappeared, we will logically be under the total hallucination of power—a haunting memory that is already in evidence everywhere, expressing at once the compulsion to get rid of it (no one wants it anymore, everyone unloads it on everyone else) and the panicked nostalgia over its loss. The melancholy of societies without power: this has already stirred up fascism, that overdose of a strong referential in a society that cannot terminate its mourning” (23). Por otro lado, el espectáculo que se lleva a cabo en Denia y sus posteriores relatos de los eventos tienen también un fondo similar al de los contemporáneos medios de comunicación de masas: “Everywhere socialization is measured by the exposure to media messages. Whoever is underexposed to the media is desocialized or virtually asocial. Everywhere information is thought to produce an accelerated circulation of meaning, a plus value of meaning homologous to the economic one that results from the accelerated rotation of capital. Information is thought to create communication, and even if the waste is enormous, a general consensus would have it that nevertheless, as a whole, there be an excess of meaning, which is redistributed in all the interstices of the social—just as consensus would have it that material production, despite its dysfunctions and irrationalities, opens onto an excess of wealth and social purpose” (Baudrillard 80).

[31] “The cinema in its current efforts is getting closer and closer, and with greater and greater perfection, to the absolute real, in its banality, its veracity, in its naked obviousness, in its boredom, and at the same time in its presumption, in its pretension to being the real, the immediate, the unsignified, which is the craziest of undertakings (similarly, functionalism´s pretension to designating—design—the greatest degree of correspondence between the object and its function, and its use value, is a truly absurd enterprise); no culture has ever had toward its signs this naïve and paranoid, puritan and terrorist vision” (Baudrillard 46-47).

[32] Este profesional de los espectáculos simulados es reconocido como el creador de estas fiestas militares en la octava ciento ocho del poema de Lope de Vega: “El Maestre de Campo, y el Sargento / La Plaza miden, acudiendo a todo, / Y entre ellos D. Juan Vives, siempre atento, / Cual Clicie al Sol, a nuestro Augusto Godo, / A cuyo sin igual entendimiento / De tantas fiestas se atribuye el modo; / Pero escuchad, que entre las armas fieras / Al Fuerte van marchando las Banderas” (108). Por otro lado, como afirma Giordano Bruno, el conocimiento de la persona a la que se quiere vincular es fundamental; en este sentido, vital habría sido que el valido hubiera compartido con el creador de los eventos información sobre el monarca: “Therefore, he who knows how to bind needs to have an understanding of all things, or at least of the nature, inclination, habits, uses and purposes of the particular things that he is to bind” (148).

[33] Para Bruno existe una fuerza en cada cuerpo del ser humano, llamada la “mano que vincula”, que es adaptable y orientable al vínculo con fuerzas externas de maneras muy diversas (146). Cuanto más “activo” sea el carácter del vinculado más fácil será ser atrapados por el vínculo (146). Ingegno interpreta así estas ideas brunianas: “According to the infinite diversity of physical constitutions and to the quality of the spirit which we can artificially (and sometimes wrongfully) modify, for example through certain foods or particular ointments, it is possible for a spirit to take control of us, attracted by our own melancholic humour, just as the world-soul can be attracted by a matter which is disposed to receive a certain influence. The demon thus becomes the cause of our deception, making appear as real what are simply ghosts of our imagination and even giving us the illusion of entering into contact with divination and even giving us the illusion of entering into contact with divinities who are also imaginary. On this basis, in On Magic and Theses on Magic, Bruno posits two types of humanity, one superior and one inferior to the general level of mankind, who are distinguished by their ability (or lack thereof) to monitor and direct the processes of our consciousness and in particular its inevitably passive aspect” (Ingegno xxv).

[34] Según Izquierdo: “Este cambio temático lo debemos relacionar con el tipo de sociedad a la que va dirigido, la urbana de finales de siglo XVI, imbuida de lleno en el proceso de adoctrinamiento moral y religioso consecuencia de la Reforma Católica. Es decir, nos encontramos ante el germen de la futura literatura de masas: literatura acrítica, gregaria y de tipo homogéneo que tiende a provocar emociones vivas y no meditadas, literatura dirigida, controlada, con función catártica que llega al público ya confeccionada” (218). En este sentido, Bruno destaca que, de hecho, es más fácil vincular a la masa que a un individuo: “Indeed, it is easier to bind many rather than only one. A hunter has a greater chance of hitting a bird with an arrow shot into a group of birds than he would have of hitting a particular bird with a more accurate aim” (168).